¿Después de esto, aún existe la COB?

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Hablar o escribir de la COB actual se ha convertido en un tema hasta desagradable; Huarachi o Guarachi, (da lo mismo? Lo escriben de las 2 maneras) cree que todos los ciudadanos somos imbéciles y que él es el único inteligente y, en esa lógica, cambia radicalmente de discurso en menos de 24 horas; primero para “declararse traicionado” por todos y luego para asumir su “triunfo” por todo lo logrado y pactado en la Asamblea Plurinacional entre los partidos que la componen.

Qué es lo desagradable? Es la mentira, es la disculpa, es lo auto-referencial, es esa manía de creer que la gente no lo conoce a él y a quienes con excepciones, claro, entregaron la Central Obrera Boliviana al régimen de Morales sin ningún tipo de vergüenza, recibiendo en su momento un “ hotel de cinco pisos donde se encontraba un busto del “donante”(inclñuida más de una docena de vehículos), hotel en el que se equiparon 18 camas matrimoniales y de dos plazas, las que, según el propio Morales, se las hizo así «a pedido de los compañeros de la COB, es decir, el famoso “Hotel” funcionaría como Motel o albergue transitorio para que los jerarcas “de los obreros” disfruten sus tentaciones “amatorias”.

Pero, independientemente de esa vergonzosa anédota que muestra uno de los porqué se ha caído tanto la organización matriz de los trabajadores, está en el hecho de negar lo que ya se sabe en todo el país; la COB no fue quien generó los bloqueos o las movilizaciones de días pasados sino que prestó su nombre al MAS para que este partido logre articular su enésimo intento de desestabilizar la democracia tan frágil, con la idea de generar polarización entre “ellos y los otros”, dando la sensación no sólo de que “ellos” pueden ser los únicos en posibilidad de gobernar o, lo que es peor, el chantaje político que le muestre a la gente que, las cosas pueden ir mal sin ellos o peor que les pudiera ir sin ellos, porque “ellos” son capaces de darle a la sociedad mucho más de esto mismo que vimos la semana en que terminó, durante mucho tiempo.

La COB prestó su nombre al MAS porque sabe que no tiene nada que perder; en todo caso, cualquier efecto medianamente positivo (por más quepeño que fuera) le generaría algo a fabor, pero no logró nada, como no lo lograron el llamado “Pacto de Unidad”, las Bartolinas u otras organizaciones que durante años estuvieron pegados y ligados al MAS y, de los que nada bueno se puede esperar en un momento como este.

La frutillita de la torta como corolario de los disparates Cobistas parece haber sido un autoatentado en la sede de la matriz trabajadora acusado por Huarachi (o Guarachi) como un intento de acabar con su vida cuando se sabe que él no estaba en el lugar, lo que lleva a preguntarse, a quién pudieron haber matado si el lugar estaba vacío?. La conferencia de prensa del día siguiente a la explosión en la COB (viernes) habría terminado con el hombre escondiéndose en el maletero de un vehículo para salir con rumbo desconocido, lo que pinta exactamente el nivel del cuadro teatrero del drigente de los trabajadores.

En otro tema, entremos a ver los resultados de lo ocurrido, porque, como todo en este país se mide entre probables ganadores y perdedores, ensayaré mi idea sobre ello:

La COB-Bartolinas-Pacto de Unidad y el MAS resultaron los perdedores de manera categórica en esta semana, (no hay diferencia entre ninguno porque todos forman parte de un pacto de al menos 13 años) ; si ello es así, da la impresión de que alguien ganó y muchos pueden pensar que ese “alguien” es el Gobierno-JUNTOS, hecho que, desde mi punto de vista no es tal, dado que, si el resultado de los bloqueos son como 40 muertos por falta de oxígeno, carreteras destrozadas por la barbarie de los bloqueadores y, presumiblemente un incremento de los casos COVID, tenemos que concluir que es difícil que haya habido un ganador; muy por el contrario, el país perdió también, porque el Gobierno retiró al Estado de sus responsabilidades fundamentales como las de garantizar la seguridad pública, el mantenimiento de los servicios esenciales y, la paz social, de manera que, si bien no hubo muertos y heridos por la represión, los hubo en ese otro campo, situación que no le da a nadie la posibilidad de arrogarse un triunfo “por la ausencia de muertos” o de un momento de violencia que se pudiera ahondar aún más.

El Estado no puede estar ausente durante tantos días en situaciones como las pasadas, ese es un hecho, porque el uso racional de la fuerza y tomar responsabilidades legales deben ser parte del comportamiento de quien está encargado para imponer el dominio de la ley y garantizar la paz social; eso no pasó y es lamentable, aunque hayan quienes celebren “que no pasó a mayores”, porque alguien deberá responsabilizarse de los fallecidos por ¡falta de oxígeno!; ese no es un tema menor que necesita que alguien lo haga porque no es dable la idea de que, entre los muertos en las carreteras y calles vs los muertos en los hospitales, nos quedamos con estos últimos; esa es una idea perversa y poco convincente.

Además de ello, las últimas noticias dan cuenta de una explosión en subestación de energía eléctrica en Oruro, que puede ser considerada un atentado terrorista, además de la resistencia de un mínimo de anarquistas que intentarán seguir con lo suyo en caminos y carreteras, lo qiue puede significar que en el MAS hay gente que está tratando de “marcar” que ese partido definitivamente no estuvo en las facasadas, inútiles violentas y criminales acciones de la semana pasada cuando sólo hay que hacer una revisión de los “Tuits” del huído Morales para constatar aqueloo de lo que se lo acusa.

La elecciones serán un buen termómetro para saber qué tan lejos está de volver Morales; ellas podrán marcar o, el comienzo del mejoramiento de las cosas o, por el contrario, la continuación y ahondamiento de la estupidez y la no-democracoa. Ahí no se va a depender de él, porque eso se lo definirá en las urnas y creo que Romero Ballivian, al menos en eso, no será condescendiente con el fraude.

Entre tantas cosas, tenemos una ventaja: depende de los ciudadanos lo que pase en adelante.

Por Carlos Federico Valverde Bravo