Alzheimer genera fuerte impacto en la familia

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De pronto un olvido creciente nubla los recuerdos, la familia, las amistades, el hogar, las vivencias, como si se tratara de un dibujo que se borra y ya no existe. Esto describe el Alzheimer, una enfermedad cerebral que causa problemas en la memoria y el comportamiento en las personas.

Sobre este padecimiento hay muchas historias de familiares que ven cómo los recuerdos del padre, madre, cónyuge, abuelos, se van perdiendo paulatinamente, como el caso de Josefina, quien observaba con tristeza cómo se convertía en una perfecta extraña para su esposo, después de 40 años de vida común, relata Margarita Germany, en un reportaje publicado en http://www.ultimasnoticias.com.ve.

Las investigaciones señalan que la enfermedad de Alzheimer fue diagnosticada por primera vez por el neurólogo alemán Alois Alzheimer, en 1907, quien publicó el caso de una paciente que había perdido progresivamente sus facultades mentales en cuatro años y cuya autopsia postmortem evidenciaba anomalías en su cerebro.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la enfermedad de Alzheimer es una dolencia degenerativa cerebral primaria de origen desconocido y la forma más común de demencia entre las personas mayores.

Papel de la familia

Las familias se mueven generalmente dentro de una rutina que puede verse alterada cuando uno de sus miembros es diagnosticado de la enfermedad de Alzheimer, lo cual, a juicio de la psicóloga Delia Mora, implica una serie de cambios, ajustes y decisiones para lograr un nivel óptimo de atenciones hacia el afectado.

La especialista señala que la presencia de la enfermedad en un hogar genera un clima de confusión y angustia, sin embargo si no se trabaja para vencer el impacto inicial no se puede trazar una estrategia para conseguir que el enfermo esté bien atendido y proporcionarle la mejor calidad de vida posible.

Refiere la experta que el desconcierto familiar comienza desde que se presentan los primeros síntomas que no solo implican disminución de la memoria reciente, también suelen presentarse cambios de humor, dejadez, desorientación y desánimo.

Ante los cambios de conducta -explica- es probable que la familia y el propio enfermo lo minimicen; sin embargo, es la etapa precisa para consultar al médico, el cual a través de evaluaciones y estudios detectará la presencia o no de la enfermedad.

Cuando se tiene la confirmación médica de la dolencia la entrevistada recomienda seguir las recomendaciones en cuanto a fármacos prescritos y tener presente que las necesidades de la persona van cambiando, de acuerdo al avance de la enfermedad y la familia debe potenciar la solidaridad entre los miembros y evaluar los recursos económicos con los que cuentan.

El reto de los cuidadores

Siete de cada diez venezolanos mayores de 65 años padecen la enfermedad de Alzheimer, y las personas que se encargan de cuidar de los enfermos son uno de los grupos a los que la OMS quiere prestar especial atención y, en este sentido, la doctora Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la organización, manifiesta que “muy a menudo, los cuidadores de las personas con demencia suelen ser familiares que necesitan hacer cambios importantes en su vida privada y laboral para poder cuidar a esos seres queridos”.

Pero más allá de las transformaciones familiares también se dice que los cuidadores tienen que preservar su propia salud, pues de acuerdo con la psicóloga, esta labor puede generar estrés lo cual pone en peligro el equilibrio emocional de estas personas, cuyo rol en ocasiones suele ignorarse o no se le da importancia debida.

“Asumir el cuidado de un enfermo de Alzheimer significa enfrentar cada una de sus etapas que van desde el olvido, la desubicación, dificultad para expresarse, dependencia total para tareas rutinarias, como vestirse o asearse, ver a familiares y amigos como desconocidos, dificultades para caminar y aislarse del mundo exterior, lo cual representa el reto de los cuidadores cuando existe un fuerte lazo familiar y/o emocional”, acotó.

En la prevención de este mal se apuesta por un estilo de vida saludable que implica actividad física regular, no fumar, evitar el consumo de alcohol, controlar el peso, vigilar la presión arterial, evitar el estrés y controlar los niveles de colesterol y glucosa en la sangre.

RECOMENDACIONES

• Paciencia, comprensión y flexibilidad.

• Tratarlo con cariño.

• Hablarle lentamente y con suavidad.

• Involucrarlos en tareas sencillas.

• Mantener las rutinas diarias del hogar.

• Ofrecerle alimentos sencillos.

• No tratarlo como niño.

• Respetar siempre su dignidad personal.

• Tranquilizarlos si sienten miedo.

• Guardar fuera de su alcance medicamentos, productos de limpieza u objetos peligrosos.

• No llevarlos a lugares extraños o exponerlos a grandes multitudes.

• Controlar su permanencia en la casa y evitar que salga solo.

• Evitar los ruidos excesivos.

• En lo posible no expresar emociones negativas como la rabia, la angustia o frustración.

El Diario.