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Fin de semana con flexibilización en medio de cautela y desacato

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Desde muy temprano ayer, domingo, empezaron las actividades en la urbe paceña en medio de la desobediencia y la previsión por la pandemia viral, comerciantes y minibuseros salieron de manera irresponsable para recuperar los recursos no generados por los fines de semana sin actividad.

Durante la mañana, hubo confusión y abuso de transportistas, especialmente de los que hacen el servicio a la ciudad de El Alto y viceversa, desde San Francisco los motorizados partían con tarifas impuestas de Bs 5, 4 y 3, según el capricho del conductor y sin que exista el control de ninguna autoridad.

Choferes y usuarios eran cómplices, sin pactarlo, para desacatar las medidas de bioseguridad para evitar contagios masivos especialmente dentro del transporte público, los pasajeros llenaban los minibuses ante el silencio complaciente del conductor y la ausencia de alguna autoridad destinada para hacer cumplir las normas sanitarias.

Mientras tanto, en los mercados se vio menos compradores y el incremento de comerciantes urgidos de vender, aunque una ama de casa afirmó que mejor era seguir cuidándose y tratar de salir lo menos posible, especialmente a los centros con mayor asistencia de personas, “parece que mucha gente está más cautelosa por el covid”, acotó.

Al parecer, cada zona tuvo su característica de comportamiento, este fin de semana, tras lanzarse las medidas post confinamiento, barbijos a la altura de la quijada y de la nariz marcaron en algunos casos las jornadas de sábado y domingo en la ciudad de La Paz, que volvió a la “normalidad” solo hasta las 16 horas, después de casi seis meses en los cuales la ciudadanía debió quedarse en casa.

El comercio se vio nuevamente activado, aunque en menor medida si se toma como parámetro lo que ocurría antes de la cuarentena.

En lugares como el mercado Lanza hubo un solo puesto de api abierto, mientras que las comideras, cerca del mediodía eran pocas en relación con los días ordinarios.

La venta de comida en la calle, particularmente en la plaza Eguino, era una muestra clara de qué no se debe hacer cuando de medidas de bioseguridad se habla; en los “agachaditos” todos estaban apretados en menos de dos metros de diámetro disfrutando de un sillpancho.

Algunas familias salieron a comprar y los más pequeños no traían barbijos, mientras en otros casos los carritos que transportaban a los bebés los asemejaba a viajeros estelares con escafandra y todo.

No faltó el grupo de cinco amigos que desafiaron todos los protocolos de seguridad confiando en que el haber libado algunas bebidas espirituosas los tendría a salvo del virus.

La presencia de vendedoras de fruta y verduras fue notoria, mientras la afluencia de las amas de casa bajó con relación a la jornada del viernes.

Las plazas y parques volvieron a ser mudos testigos de gente que se dedicaba al ejercicio, sobre todo en Villa Fátima, donde se vio a un buen número de atletas.

La Paz volvió a la “normalidad” en medio del desacato a las medidas sanitarias y el temor a los contagios, la actividad se recuperó un poco más, algo que los habitantes de la ciudad estaban reclamando desde finales de marzo.

El Diario

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