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El reto de ser “mamá canguro” de un bebé prematuro de bajo peso

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La primera vez que María hizo de “mamá canguro” fue una experiencia dolorosa. El neonatólogo y las enfermeras le exigían que se quitara la faja posparto y el corpiño dejando expuesta la cicatriz de la cesárea y los senos cargados de leche. Cada paso hacia la incubadora de su bebita le causaba un dolor indescriptible, pero al sentir sobre su regazo el calor de su hija toda dolencia desaparecía.

La bebé de María es prematura y tiene bajo peso, nació a las 31 semanas de gestación con 1 kilo y 600 gramos. Por lo que fue incluida en el Método Mamá Canguro (MMC), que es impulsado por el Maternológico Germán Urquidi de Cochabamba mediante el contacto piel con piel entre madre y recién nacido.

La internación de la bebé se extendió por dos semanas. Durante ese tiempo, María iba a diario al Maternológico para amantarla y hacer de “mamá canguro”. Las enfermeras le explicaron que los bebés nacidos antes de tiempo necesitan el contacto físico con su madre para simular el calor del útero.

Esa práctica se asemeja al ambiente que brindan las hembras canguro a sus crías, que crecen y se alimentan en las bolsas de los marsupiales. De ahí, el término “mamá canguro”.

“Esas dos semanas fueron las más angustiosas de mi vida. Ver a mi hijita en una incubadora me partía el corazón, pero sentir su respiración y su calor sobre mi pecho me reconfortaba y me llenaba de fuerzas”, recuerda María.

Piel con piel

El responsable del área de Neonatología del Maternológico Germán Urquidi, Rubén Arandia, explica que el MMC se aplica en el nosocomio desde 1993. Inicialmente, era apadrinado por la Unicef, pero actualmente se sustenta con recursos y personal del hospital.

Lamenta que el Gobierno no destine ni personal ni recursos al MMC, pese a que las políticas públicas del Ministerio de Salud lo promueven. “Hacemos el programa con el mismo entusiasmo y amor a los bebés canguritos sin patrocinadores ni apoyo económico”, dice el galeno.

¿Cómo es la posición canguro? Arandia brinda una explicación: El bebé debe estar en forma vertical ubicado entre los senos de la madre (despojada de sus prendas) o en el pecho de su padre con la cara de medio lado, mientras que sus brazos y piernas deben estar en posición de rana.

Esta práctica debe realizarse de forma continua, en lo posible, las 24 horas del día. Sólo se saca de esa postura al bebé para cambiarle de pañal o alimentarlo.

“El bebé cangurito sólo necesita calor, leche y mucho amor”, destaca Arandia. El calor proporcionado por la madre mediante el contacto piel con piel permite al neonato regular su temperatura corporal, ya que aún no es capaz de calentarse por sí mismo; mientras que la lactancia permite que el recién nacido gane peso y el amor facilita un vínculo afectivo.

Pequeños guerreros

La bebé de María está internada en la sala de Neonatos 3 junto a otros siete recién nacidos. Todos presentan alguna deficiencia en su salud –aún no han desarrollado los pulmones o tienen bajo peso– por lo que requieren de cuidados especiales. Algunos reciben oxígeno o son canalizados para recibir antibióticos por vía intravenosa.

En la cama N.º 1 está el bebé Condo, que estuvo internado más de un mes. Nació antes de término con 30 semanas y un kilo, cuando el peso regular de un neonato nacido a término es de aproximadamente de 3 kilos.

En los 35 días que Condo permaneció bajo el calor de una incubadora y el de su madre (también participó del MMC) ganó casi un kilo y dejó de depender del oxígeno y los antibióticos. Fue dado de alta con 1,9 kilos.

En la cuna vecina está la bebé Hinojosa. Su madre, Andrea, fue derivada en ambulancia del hospital Cochabamba porque su cuerpo comenzó a hincharse como consecuencia de la preclampsia que padecía, que ocasionó que el parto se adelantara.

Andrea también fue incluida en el MMC. “El peso de mi bebé no es tan bajo como el de otros, pero como nació antes de los nueve meses me aconsejaron que sea mamá canguro y me pareció buena idea”, cuenta.

Amor y disciplina

Arandia es pediatra neonatólogo y precursor del Método Mamá Canguro en Bolivia. Con 40 años de experiencia, atendió cientos de casos de bebés prematuros. Destaca que para el éxito del programa se requiere disciplina y mucho amor por parte de la madre porque debe ser constante al sujetar en el regazo a su bebé todos los días, el mayor tiempo posible.

Un caso particular que no olvida Arandia es la de una bebé que nació con un kilo, por lo que tuvo que ser conectada por ocho días a un respirador artificial. Su madre se la llevó, cuando recibió el alta, dispuesta a seguir el MMC. Según el médico, la bebé superó los dos kilos en menos de un mes debido a la disciplina y constancia de su mamá.

“La niña se llama Lili Nicol María Tatiana, ya tiene cuatro años y vive en Cliza (Valle alto de Cochabamba). Pesaba un kilo y estuvo internada por una semana. Su mamá se fue a Cliza como canguro. Yo le dije que viniera el lunes a las seis de la mañana y se apareció ese día a esa hora con su wawa adentro (en medio de los senos). Eso fue por disciplina y porque amaba a su wawa”, recuerda el médico y repite los cuatro nombres de la niña.

Para Arandia el principal problema o dificultad del MMC es la falta de seguimiento a las mamás. Precisa que cuando sus bebés son dados de alta, ellas se van como mamás canguro, pero no se sabe si en sus casas continúan aplicando el método. Algunas no van a los controles neonatales.

María confiesa que no le resulta fácil hacer de mamá canguro a toda hora por diversos factores, sobre todo porque teme lastimar a su bebé cuando realiza alguna actividad doméstica. Cargarla todo el tiempo además le reduce la movilidad de brazos para trabajar.

“Amo a mi bebita y mi mayor deseo es que esté bien, pero no es fácil estar todo el tiempo cargándola sin ropita. Tengo miedo lastimarla. También me causa mucho dolor quitarme la faja para agarrarla. Es que no debe haber ninguna prenda que pueda dañar su delicada piel”, describe la mamá primeriza.

Los bebés prematuros

Se considera prematuro a un bebé nacido antes que haya cumplido las 37 semanas de gestación. Son considerados prematuros extremos los que nacen con menos de 28 semanas y muy prematuros, los de 28 a 32 semanas.

De acuerdo con Arandia, el Maternológico no cuenta con cifras o una base de datos de los nacimientos prematuros que se registran en ese hospital. Sin embargo, asegura que hace más de 10 años se atendía un promedio de 8.900 nacimientos al año, pero actualmente sólo se registran 2.800 partos.

Esta caída se debe a la descentralización de los servicios y la creación de más hospitales de primer y segundo nivel.

Según datos del Ministerio de Salud, la “prematuridad” representó el 16% de todos los nacimientos en Bolivia en 2019. Un estudio realizado en 2020, expuesto en un Congreso sobre Pediatría, daba cuenta de que, de 20.080 nacidos entre las semanas 32 y 37 de gestación, 2.300 perdieron la vida.

Estos son días de adaptación y crecimiento para María y su bebé. “Ella tiene que ganar peso y yo debo aprender a ser mamá canguro”, dice.

El bebé cangurito sólo necesita calor, leche y mucho amor. El contacto piel con piel ayuda a su desarrollo físico y emocional”.

Rubén Arandia, neonatólogo

Ver a mi hijita en una incubadora me partía el corazón, pero sentir su calor sobre mi pecho me reconfortaba y me llenaba de fuerzas”.

María, mamá

El programa se pensó como un mecanismo de sustitución de las incubadoras; los bebés canguro reciben estimulación”.

Claudia Molina, psicóloga

“MMC busca el desarrollo cognitivo de prematuros”

Claudia Molina, psicóloga de profesión, recuerda que en el año 2000 hizo su pasantía en el programa “Mamá canguro” del Maternológico Germán Urquidi. En ese tiempo, la prioridad era la estimulación temprana y el desarrollo cognitivo del bebé prematuro que estaba a cargo de profesionales de diversas áreas.

Transcurridos más de 20 años, Molina considera que los servicios y beneficios del MMC ya no son los mismos porque no tiene recursos económicos ni personal que refuerce, promueva y dé continuidad al programa.

“El programa se pensó como un mecanismo de sustitución de las incubadoras, donde los bebés no recibían ninguna estimulación ni contacto físico. Las madres hacían de canguros para generar lazos afectivos al sentir su calor (piel con piel) y escuchar su voz. Se hacía una evaluación del prematuro, se entrenaba a la mamá, se trabajaba en la parte emocional y en el desarrollo cognitivo y estimulación temprana del bebé. Ahora veo que las cosas cambiaron”, afirma Molina.

Actualmente, las mamás canguro reciben una breve explicación de cómo cargar a sus bebés y sobre la importancia de generar calor mediante el contacto de piel con piel. Después del alta, les piden seguir con los controles neonatales hasta descartar cualquier peligro para el menor. De ser necesario, solicitan exámenes de laboratorio o ecografías, que son gratuitos.

Para Molina, antes, la mamá canguro contaba con estos beneficios y otros más. Por ejemplo, mientras el bebé permanecía en la incubadora era estimulado y recibía masajes o masoterapia; diferentes profesionales, como un fisioterapeuta, los visitaban para controlar sus movimientos; además, las madres recibían asesoramiento y entrenamiento en el método canguro.

Había además un consultorio exclusivo para las “mamás canguros” al que podían acudir sin sacar ficha. Además, se realizaba un seguimiento permanente de la madre y el bebé para verificar la eficacia del programa.

“Se hacía un seguimiento hasta los dos años del menor, se daba continuidad al programa a través de controles externos”, precisa Molina. (MM)

Pagina Siete.

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