Periodismo vs reality show

La labor del periodismo está cada vez más menospreciada ante los generadores de contenido en el mundo de las redes sociales.

Hoy todo el mundo habla de Galindo y su reality show en el Sedem. La miran como «paladín de la justicia» con micrófono «al servicio del pueblo», etc.

Hay que remarcar que las denuncias al Sedem surgieron el 30 de junio desde la Agencia de Noticias Fides (ANF), con la labor invisible de MLA, quien firma el reportaje.

Sucede que leer tanto texto da fiaca. Mejor ver un video «radio documental» lleno de gritos como hacía en sus buenos tiempos la «señorita Laura» en Perú.

La imagen gana siempre en la era viral, escribir está pasado de moda.

Galindo cumple una labor y siempre es bienvenida la interpelación al poder, más aún en una entidad que fue tomada al día siguiente de las elecciones por esos grupos masistas que fueron a amenazar y gritar «fuera golpistas» a los funcionarios que aún trabajaban en el conocido «subsidio».

Es un botín político y existe toda una cadena que centavo a centavo roba en los 317 mil paquetes distribuidos este año, incluyendo los famosos pañales.

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Cada paquete de subsidio equivale a Bs 2.000 y se entrega a las madres de familia durante 12 meses en productos que son licitados a medianos productores y algunas marcas conocidas de lácteos.

Galindo, desde que entró al Sedem con siete madres de familia, comenzó a vociferar su ideología de género al decir, por ejemplo, que «el Estado patriarcal» obliga a las mujeres a recibir esos productos, o que el dinero para pagar esos paquetes «es un derecho laboral ganado y que es parte del sueldo de las mujeres».

No, caudillo, los subsidios los pagamos todos quienes cada 15 de mes vamos al banco a tributar, aunque no tengamos hijos. Ese es el modelo de un Estado subsidiario «bonista», de carácter socialista de «redistribución y justicia social». O sea, CORRUPCIÓN ESTATAL.

Para evitar esto, lo correcto sería ingresar en un modelo de vales o «voucher» para entregar a las madres que sí lo necesiten, eliminando al intermediario (Sedem) para que las mujeres (y padres solteros o viudos como debería ser) vayan directo al supermercado privado de su preferencia para abastecerse.

Los masistas, además de ganar jugosos sueldos en el Sedem, se llevan sus canastones y lo ven como algo «normal», casi un «derecho», por eso se matan para trabajar en el famoso subsidio. «Estamos saliendo adelante», no ve…

Finalmente, la jefa de Mujeres Creando (que se corre de los debates si se siente perdedora) usa a las mujeres en sus realities, pues no les deja hablar. Les acerca el micrófono y cuando una empieza a explicar su dilema le corta para ser ella la única protagonista de su programa a punta de gritos, tres por lo general, contra el funcionario interpelado de turno.

Galindo no es ni hace periodismo, pero marca un formato novedoso que quienes sí ejercen el oficio con ética deberían emular, porque al ser tan timoratos con el poder, los periodistas hoy por hoy están siendo avasallados en estos tiempos virales del click y del like…

Por Iván Rada

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