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Gomeros se benefician con cuarentena mixta

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Los gomeros, trabajadores dedicados a parchar llantas de toda clase de vehículos, aseguran tener más ingresos con la cuarentena mixta que con la estricta porque a sus clientes asiduos se han incrementado los que usan bicicletas y motocicletas.

“Gomeros”, “llanteros”, “llantabajas”, “aire” como se los llame, son trabajadores humildes que se ganan el pan de día con sacrifico y mucho esfuerzo. Algunos trabajan seis horas, otros nueve y algunos ofrecen su servicio las 24 horas.

Se ocupan de parchar las llantas de todo tipo de vehículos: camiones, micros, trufis, taxis, motocicletas, bicicletas, carretillas y hasta carritos repartidores.

“Todo lo que tenga llantas o neumáticos nos sirve porque nos da trabajo”, señala Adalid Aguilera, un camba que se vino a Cochabamba en busca de trabajo. El hombre manda todo lo que gana a su esposa y a su hija que viven en Santa Cruz. “Allá no había trabajo, me estaba muriendo de hambre, casi me meto a la zafra porque ya es época, más bien me vine acá y encontré trabajo en este taller de parchado de llantas”, cuenta.

Aguilera es ayudante en el taller de Cipriano Mamani, un potosino que tiene su taller de parchado en la avenida Reducto, en el municipio de Colcapirhua. “El taller abre a las 7:00, si bien la semana pasada hemos trabajado hasta la 13:00, ahora le estamos metiendo casi hasta las 18:00”, indica.

Don Cipriano asegura que diariamente gana entre 100 a 150 bolivianos dependiendo del día. Su ayudante al que cariñosamente llama “el Camba”, gana entre 60 a 80 bolivianos ya que, al tener poca experiencia, hace trabajos menores a destajo.

Por el parchado de la llanta de una bicicleta cobran 5 bolivianos, de un vehículo mediano 6s y el de un camión 12 o 15 bolivianos. “En realidad el costo depende del tipo de llanta, las tubulares no llevan neumático y deben ser vulcanizadas, el parchado de ese tipo de llantas es más caro”, explica.

Afirma que su ayudante es un hombre entrador y trabaja con entusiasmo, “no se corre, es metedor, y que por eso lo contraté; estuvo tres días a prueba sin paga, sólo le di su plato de almuerzo”, relata en medio de carcajadas.

El Camba sólo se dedica al parchado de bicicletas y motos, mientras que Cipriano hace el trabajo más duro, que es el parchado de llantas de todo tipo y tamaño de vehículos de cuatro ruedas o más.

Cuarentena

Otros llanteros señalan que la cuarentena los perjudica mucho, las pasadas semanas solo trabajaban hasta mediodía y después debía cerrar el negocio porque venía la Policía o los de la Alcaldía.

Ahora alargaron su jornada laboral hasta las 18:00 y esperan que la cuarentena se flexibilice un poco más y los dejen trabajar de lunes a viernes.

Manuel, un llantero que tiene su taller en la avenida 6 de Agosto y Siles dice que los delíveris son los clientes más asiduos durante esta cuarentena, flexible debido a que las llantas de las motos se bajan o se pinchan con frecuencia.

Manuel asegura que en tiempos en que no había Covid-19 ganaba entre 200 a 300 bolivianos al día, pero ahora apenas hacen la mitad.

Alquileres

Los gomeros deben alquilar los espacios que ocupan para trabajar, que consiste en un  cuarto, con suerte con baño incluido, por el que pagan entre 600 a 1.500 bolivianos, según donde esté ubicado. “No sacábamos ni para el alquiler y trabajábamos sólo para el dueño del taller”, dice el llantero.

Como ahora hay más movimiento de vehículos, de motos y bicicletas, el negocio está mejorando, concluyó.

Mujeres en el negocio

Las gomerías, en algunos casos, son un negocio familiar, donde trabaja el marido, los hijos y hasta la esposa. Doña María es una mujer que atiende el negocio junto a su marido en la avenida Tadeo Haenke casi puente Cobija. “Ya tengo mis clientes, sobre todo taxistas, ya me conocen”, dice orgullosa.

“Antes éramos mal vistas, mis vecinas me criticaban, me decían que quería competir con mi marido, pero no, él se sentía gusto porque lo acompañaba. Primero le ayudaba a cargar aire, después a desmontar la llanta, y poco a poco aprehendí el oficio, ahora ya hago todo, me gusta”, manifiesta gradeciendo a su pareja por haberle dado la oportunidad de apoyarlo en el trabajo.

María tiene tres hijos ya mayores, pero a ninguno le interesó el oficio, por lo que ella y su pareja siguen trabajando codo a codo parchando llantas para sustentar a su familia.

María no es la única “llantera”, en algunas otras gomerías se ve a mujeres de “ñeke” a las que no les importa ensuciarse las manos y menos su apariencia cuando de trabajar se trata.

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