Los grandes guerreros contra el cáncer festejan el Día del Niño

Ni bien uno de los buses se estacionó en el Club Hípico Los Sargentos, una niña salió del vehículo, sonrió y empezó a correr. “Quiero jugar”, dijo emocionada. Al igual que la pequeña, otros 52 niños con cáncer de la unidad de Oncología del Hospital del Niño se olvidaron de todo y comenzaron a jugar, bailar y disfrutar de los shows de payasos, títeres y magos.

Así 53 grandes guerreros contra el cáncer disfrutaron ayer en la tarde de un agasajo adelantado en honor al Día del Niño, que se recuerda mañana.
Fotos: Freddy Barragán / Página Siete

Minutos después de bajar del bus, la niña se encontró con una de las voluntarias de la Fundación Compromiso Solidario, institución que organizó el agasajo. “Hola. Ven te voy a presentar a mis amigos” , dijo la pequeña, mientras sostenía la mano de la anfitriona.

En el espacio todos se dispersaron. Algunos corrieron al resbalín, otros al puente colgante y otros a los juegos inflables, todos estaban bajo el cuidado de los jóvenes voluntarios de la fundación. En las casi dos horas del festejo, los pequeños se olvidaron de su enfermedad y se divirtieron.

Según la directora de la fundación Compromiso Solidario, Ximena Castellanos, es el segundo año que organizan un agasajo para los pequeños. “Este es un momento para que se olviden de la enfermedad y puedan disfrutar y jugar”, dijo.

La presidenta de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer, Patricia Mendoza, indicó que estas actividades son bienvenidas por los papás. “Muchas veces por su salud, los niños no pueden salir a parques o fiestas infantiles”, lamentó.

Contó que generalmente los niños sólo hacen el tránsito del hospital a la casa y no participan de otras actividades porque sus defensas son muy bajas. “Los protegemos para que ninguna bacteria les afecte, porque están demasiado delicados. En cambio, aquí (en el agasajo) ellos usan barbijo y reciben cuidados. Se sienten libres”, comentó.

Efectivamente, ayer, los 53 niños que participaron en la actividad expresaban en plenitud su libertad: corrían, saltaban y jugaban. Algunas niñas hasta hacían la vuelta del payaso, mientras otros usaban los columpios o jugaban en el resbalín.

Nialy de seis años fue una de las pequeñas que correteaba y pasaba de un juego a otro sin descuidar a Chimuelo, un dinosaurio de juguete que cargaba entre sus pequeños brazos.

La mamá de la pequeña, Mayra Chacón, contó que su hija fue diagnosticada con leucemia de las células B. “Respondió bien al tratamiento, por eso tiene el privilegio de salir, pero ella entiende cuándo no puede hacerlo. Incluso cuida su alimentación”, dijo.

Para organizar esta actividad, la fundación tomó todos los resguardos pertinentes de bioseguridad. “Coordinamos con la nutricionista para ver qué cosas pueden comer o tomar”, dijo una de las voluntarias.

Mendoza explicó que esas medidas garantizan que los niños consuman “comida bien hecha y sana”. “Es bueno saber que los jugos y la gelatina se elaboraron con agua hervida”, sostuvo. “Vemos que los niños se divierten y son muy felices”, añadió.

Para los papás, el agasajo es el regalo más grande para los pequeños. “Ellos (los niños) son unos luchadores, cada día nos dan lecciones a los adultos. A ellos les puede pasar algo un día, pero siguen sonriendo”, dijo emocionada Castellanos.

Mientras los padres tenían un momento de esparcimiento, los niños se divertían con los payasos, títeres y la magia. “Wowww”, gritaban los pequeños, cuando el mago hacía aparecer una paloma”. Otros observaban animados las burbujas gigantes del mago Ivar. Al final del agasajo, los niños recibieron regalos de la Fundación y de la Sociedad Cultural Novenantes. Para los pequeños, los obsequios son pruebas de un momento inolvidable de felicidad.

Pagina Siete.

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