Víctimas de Senkata ven DS como un chantaje y exigen renta vitalicia

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Deudos y heridos en los conflictos de Senkata calificaron ayer de chantaje al Decreto Supremo 4100, de asistencia humanitaria e indemnización, promulgado por la Presidenta, Jeanine Añez. En un pliego petitorio de ocho puntos –enviado al Gobierno– exigen una renta vitalicia, atención médica, becas para los hijos y la provisión de alimentos de Emapa.

“El Gobierno nos quiere extorsionar. Pretende que a cambio de la indemnización no demandemos una investigación ni sanción y tampoco que hagamos denuncias. Para los heridos sólo habla de atención médica y nada más”, afirma Néstor Limachi, representante de los heridos y muertos en Senkata.

Ayer, en la plaza 25 de julio de Senkata, la parroquia, los vecinos, artistas, activistas y otras organizaciones realizaron una quermés. El evento recaudó más de 37.000 bolivianos y varios víveres. Todo lo reunido irá en beneficio de las familias de los afectados tras el operativo militar.

“Hay muy buena respuesta de la gente, nos va muy bien. En un rato hemos acabado unos 50 sándwiches de chola, unos 30 de carne fría y 50 platos de fricasé. Pero estamos aumentando y va a haber más en unos minutos”, señala entusiasmada Margarita, mientras entrega el último plato humeante de fricasé.

Alrededor de la plaza, al menos 10 puestos –con diferentes ofertas gastronómicas– han acabado su primer stock. La sopita de maní, en plato de barro, o las papas a la huancaina con queso recién cuajado fueron parte de los platos más exitosos.

“La solidaridad siempre ha sido una característica de nuestra gente, que hoy demuestra que está unida ante un momento tan delicado como el que pasamos”, afirma una de las comensales mientras saborea como postre una rebanada de torta. “Pero no sólo es nuestra gente, hay harto gringo”, apunta de reojo.

Algunos de los extranjeros a los que se refiere tienen el acento argentino, otros, más bien europeo. También está presente el abogado que ayudó a las víctimas de la Guerra del Gas a llevar a Goni a los estrados en Estados Unidos y hasta el cronista del The New Yorker Jon Lee Anderson, quien reportea el conflicto ocurrido en Bolivia.

En el centro de la plaza, al lado del palco –donde activistas, músicos, cuentacuentos y vecinos toman la palabra–, las familias de Senkata armaron un panel con las fotos del conflicto, de los heridos y de los que ya no están. En la parte superior, un muchacho mira a los asistentes desde una hoja algo descolorida. Lleva una polera gris y posa junto a un bebé acomodado en una moto. Sobre ellos está el nombre de Juan José Tenorio Mamani. Tenía 23 años.

Cristina Quispe es su viuda. Se ve muy joven, casi aniñada. Su esposo tenía apenas unos años más que ella. Juntos tuvieron un hijo que recién cumplió el año.

“Teníamos toda una vida por delante. Ahora he quedado sola y mi hijo huérfano. ¿Quién me va a ayudar a criarlo?, los hijos y las viudas –las mujeres– somos quienes sufrimos y debemos cargarnos la familia al hombro”, dice.

Habla pausado, a veces con enojo, a ratos con pesar. No sabe bien qué pasó con Juan aquel día.

Dice que él era mecánico y que esa mañana salió de casa, en Ventilla, con rumbo a su trabajo en la ciudad de La Paz. Se aprestaba a cobrar su sueldo.

“Salió a pie porque no había paso y había que pasar por la extranca. Cerca del mediodía me llamó para contarme que había muertos por un enfrentamiento y que se iba a resguardar donde su primo. Luego volvió a llamar me dijo que iba a volver a casa, pero ya no llegó. Cuando le llamé, una señora me contestó el celular y me dijo que ya lo estaban velando en la capilla”, relata.

Lo que pasó exactamente ese día ella lo desconoce. Por las llamadas telefónicas, sabe que su esposo murió varias horas después que las cisternas dejaran Senkata. Por la revisión forense, sabe que a su compañero de vida una bala le atravesó el corazón y le reventó los pulmones. Que su muerte fue instantánea.

Cuando llegó a la capilla, le dijeron que su esposo fue alcanzado por el proyectil cuando ayudaba a sacar a los heridos de la zona de pelea. Los vecinos le dijeron que se fue como héroe y las autoridades dijeron que los que estaban ahí eran vándalos. Dice que ninguna explicación calmará el dolor de su ausencia.

Un pliego petitorio de ocho pedidos

Con el rechazo de la Decreto Supremo 4100 de indemnización para las víctimas de la violencia poselectoral, las familias de los heridos y muertos de Senkata –por medio de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de El Alto– enviaron un pliego petitorio.

El primer punto es la identificación y sanción penal de los responsables ya sean actores políticos, militares o policías. Como segundo punto exigen una renta vitalicia. El tercero establece que el monto debe ser fijado en un salario mínimo y que debe incrementarse cada año.

El punto cuatro pide facilidades y becas para la educación de sus hijos. El quinto se refiere a la reprogramación de las deudas en entidades financieras.

El punto seis pide la atención médica. El séptimo es la provisión de alimentos de Emapa y el octavo es que todo sea elevado a un decreto supremo.

Pagina Siete.