Las abuelas de los pesebres

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Trinidad Flores y Eusebia Chura comenzaron a elaborar pesebres siendo niñas. Hoy, más de medio siglo después, continúan con el oficio en la feria navideña del Parque Urbano Central (PUC). No es una tarea sencilla recrear los refugios del nacimiento: los hacen de piedra que cada vez les pesan más.

Trinidad Flores arma una estructura de madera y sobre ella va pegando, con cola de carpintero, arena en los pisos, piedrecitas como adornos, mármol blanco en el dintel de las puertas y ladrillo molido para las cubiertas. El detalle final es el barniz para que el pesebre brille.

“Mi mamá me enseñó a hacer las casitas y desde niña las vengo construyendo todos los años”, dice la señora de caminar y movimientos lentos. Esta Navidad ofrece los pesebres desde 60 hasta 120 bolivianos. “El año pasado hacía casitas mucho más grandes -y abre sus brazos lo más que puede- pero me lastimé la espalda y ya no puedo levantar cosas pesadas”, cuenta.

La abuela no quiso decir cuántos pesebres hizo para esta feria; pero comentó que comienza a preparar sus materiales y a elaborar las artesanías ya en junio. Asegura que cada año cambia el diseño de las casitas e innova con solarios, techos cubiertos, o diseños cuadrados o de forma hexagonal. “Para el siguiente año, si sigo viva, voy a continuar haciendo”, añadió. Cuando se le consultó cuántos años tenía, la señora preguntó a su hija: “¿Qué dice mi carnet?”. La joven, que la ayuda en su puesto de la feria, respondió sin dudar: 78 años.

A pocos metros de distancia, doña Eusebia Chura también ofrece pesebres de piedra, más rústicos, y con bolitas de plastoformo simulando nieve. “Cuando tenía nueve años aprendí a hacer los pesebres. Al principio los hacíamos de paja, aserrín teñido y nosotros colocábamos los animalitos de estuco”, contó la artesana que 55 años después mantiene su puesto en la feria navideña.
Con los años cambió la paja por “maderitas” y al final por cascajo. Ella toma trozos de tubos y sobre ellos pega las piedras para dar una forma circular a los pesebres. Al igual que su compañera, los barniza.

“Comencé a vender en el atrio de la iglesia La Merced. Luego nos trasladaron a la Pérez Velasco, al pasaje que está detrás de la Casa de la Cultura; al atrio de la iglesia de San Francisco. En este lugar comenzamos a ser cada vez más artesanos. Llegaron los nacimientos, los animalitos y los foquitos”, añadió.
Trinidad Flores, la mujer de 78 años muestra su trabajo con distintos tipos de piedra.
Fotos: Víctor Gutiérrez / Página Siete

Hace más de una década, el entonces alcalde Juan Del Granado trasladó todas las ferias que se realizaban en el centro de La Paz -las había en la calle Potosí, en el atrio de la iglesia de San Francisco, en la Figueroa y otras vías aledañas- y las reunió en el Parque Urbano Central (PUC) donde actualmente se realiza la feria.

“Ahora somos una sola feria grande. Tenemos comidas, juegos, adornos, pesebres, foquitos. Estamos cómodos, igual que en la Alasita”, añadió contenta.

Ambas abuelas pertenecen a la Asociación Maruja Choque, quien fue la primera artesana que organizó la feria de fin de año. La asociación es una de las más antiguas de las 66 que ocupan el campo ferial y sus afiliados se ubican en el sector más tradicional: el playón “A”, al lado izquierdo del ingreso principal por la avenida del Ejército.

La feria navideña 2019 fue inaugurada el pasado 5 de diciembre, con una semana de retraso por los conflictos sociales que se produjeron en noviembre. Los artesanos estarán allí hasta el 6 de enero.
Los pesebres que la mujer vende van desde los 60 hasta los 120 bolivianos.

Además, para recuperar el tiempo y tener mayor venta, las comerciantes acordaron permanecer en sus puestos los fines de semana hasta pasada la medianoche, informó el secretario ejecutivo de la Feria de Navidad Casco Urbano Central, Rafael Choque. “Ahora vamos a extender el horario de atención hasta altas horas de la noche. Desde las 7:00 hasta la una de la madrugada vamos a seguir atendiendo. Vengan”, invitó.

Doña Eusebia, entretanto, dijo estar preparada para el nuevo horario. “Vamos a quedarnos, estaremos bien abrigadas y el cariño de nuestras caseritas nos ayudará a superar el frío”, dijo.

Pagina Siete.