En el MAS apostaban al regreso de Evo Morales tras renuncias de la cadena sucesoria

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En el Movimiento Al Socialismo (MAS) apostaban a que se devuelva el poder a Evo Morales después de la renuncia de toda la cadena sucesoria (Vicepresidente, presidentes del Senado y de Diputados). La generación del “vacío de poder” -afirman- fue una pieza clave de la estrategia.

A las 16:50 del 10 de noviembre, Morales anunció su renuncia a la Presidencia en medio de una ola de dimisiones de sus colaboradores y legisladores, y después de que los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía, y hasta la Central Obrera Boliviana, le recomendaran dejar el poder para pacificar el país.

El anuncio se dio horas después de que la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA), que auditó los comicios, emitiera un informe con hallazgos preliminares e indicara que “no puede validar los resultados” de las elecciones del 20 de octubre y recomendara, además, nuevos comicios con un nuevo Tribunal Supremo Electoral.

Además de Morales, esa jornada tomaron la decisión de dimitir todas las autoridades de la cadena sucesoria a la Presidencia. El MAS -indican- apostaba a devolverle a Morales las riendas del poder en cuestión de horas.

Un elemento clave que se anota es que después de que el general Williams Kaliman, entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, le sugiriera a Morales renunciar, el entonces Presidente no lo destituyó. El artículo 172 de la Constitución Política del Estado (CPE) establece que una de las atribuciones del Jefe de Estado es “designar y destituir” al comandante en jefe de esa institución.

Entre los ahora oficialistas se considera que todas esas acciones eran parte del “plan” del MAS para que Morales retome las riendas del país, así como ocurrió en Venezuela en 2008, cuando la Asamblea Nacional le devolvió la Presidencia a Hugo Chávez, después de 48 horas de su alejamiento.
El general Kaliman en conferencia de prensa.
Foto: Freddy Barragán / Página Siete

La ola de dimisiones

La escalada de renuncias sumió a Bolivia, por 48 horas, en un inédito vacío de poder. Renunció el vicepresidente Álvaro García Linera, la presidenta de Senado Adriana Salvatierra, el presidente de Diputados Víctor Borda y los primeros vicepresidentes del Senado y Diputados, Rubén Medinaceli y Susana Rivero, respectivamente. Todos, del MAS.

Después de las dimisiones se desencadenaron hechos de violencia, saqueos, ataques a civiles y a la propiedad privada. En La Paz, los seguidores del MAS incendiaron 64 buses PumaKatari y quemaron las casas de activistas y periodistas.

Al grito de “Ahora sí, guerra civil”, cientos de personas se movilizaron, quemaron estaciones policiales y generaron zozobra. Hubo dos regiones clave en las movilizaciones: las manifestaciones del Chapare y las de El Alto.

En Cochabamba, los seguidores de Morales se declararon en movilización hasta que retorne el presidente renunciante. En el caso de El Alto, los manifestantes hasta anunciaron que bajarían a La Paz a tomar el Palacio de Gobierno. Ante ese panorama, en La Paz y El Alto los vecinos formaron barricadas y patrullaron las calles para evitar los ataques y saqueos.

Fuentes del MAS indican que la apuesta era que el Legislativo, una vez renovadas sus directivas y ante el caos imperante, devuelva el poder a Morales, rechazando la carta de renuncia, que no era “irrevocable”.

El artículo 161 de la CPE establece que una de las funciones de la Asamblea Legislativa Plurinacional es la de “admitir o negar la renuncia” del Presidente y del Vicepresidente.

“Frente a un país en pánico, totalmente aterrorizado, iban a pedir una salida por la vía militar para que ellos controlen todo, porque la Asamblea Legislativa no había tratado la renuncia y aprovechando los dos tercios rechazaban la dimisión. Frente a eso, invitaban a Morales a que vuelva a Bolivia, ese era el plan”, revelaron a Página Siete.

La diputada Rosa Chuquimia (MAS) dijo que ante las renuncias y el vacío de poder correspondía que se elijan a los nuevos presidentes de las cámaras Alta y Baja. “En la ausencia del Presidente y Vicepresidente, quién debe tomar las riendas del país, es el presidente de Senado o Diputados, como señala la Constitución, que habla de la primacía. Entonces, lo que correspondía era elegir a las cabezas de las dos cámaras”, expresó Chuquimia.

En el bando contrario al MAS también consideran que el plan de ese partido era devolverle el poder a Morales vía rechazo de la carta de renuncia, previa reconfiguración de las directivas camarales.

Rose Marie Sandoval, del partido oficialista Unidad Demócrata, afirmó: “De esa forma el MAS pretendía instalar sesión, considerar la carta de renuncia de Morales y aprovechando sus dos tercios en el Legislativo, rechazarla. El resultado final era devolver a Morales el mando del país”, sostuvo Sandoval, quien aseguró que por ello el MAS insistió debatir la carta de renuncia de Morales.

¿Plan dos?

Hay quienes sostienen que una segunda opción era que ante el desgobierno, Kaliman asumiera interinamente el mando para que al poco tiempo, ante la imposibilidad de que la renuncia sea aprobada por la Asamblea Legislativa, se devuelva la silla presidencial a Morales.

¿Pero bajo qué argumento Kaliman asumiría las riendas del Estado? Afirman que se daría ante el pedido desesperado de la población, especialmente de La Paz y El Alto, que estaban sumidas en “un abismo de caos y vandalismo”.

Recientemente se conoció que Kaliman todavía recibía llamadas e instrucciones de Morales, quien está asilado en México, desde donde denuncia un supuesto golpe de Estado. Hay que recordar, además, que al renunciar Morales denunció que fue víctima de un golpe cívico policial, pero no mencionó a los militares, pese a que le habían sugerido la dimisión.
A sesión de Asamblea sólo se presentaron UD y PDC.
Foto: Archivo / Página Siete

La sucesión en escena

Los planes del MAS “marchaban bien” hasta que los ahora oficialistas activaron una estrategia para posibilitar la sucesión constitucional. Una pieza clave es la Sentencia Constitucional 003/01 del 31 de julio de 2001, que respalda legalmente la sucesión constitucional, afirma Luis Vásquez.

“Al MAS nunca se les ocurrió que existía de la sentencia constitucional, porque ellos ya tenían un plan”, dijo Vásquez, quien aseguró que ese fue el primer error del masismo.

El jurista Paul Coca sostuvo que el Tribunal Constitucional jugó un rol “muy importante”, porque reconoció la sucesión de Añez y estableció que en Bolivia no puede existir “por ningún momento ni pretexto vacío de poder”.

Otro error, según Vásquez, fue que en el proceso de negociación –facilitado por la Iglesia Católica y el embajador de la Unión Europea, León de la Torre- emergieron bloques al interior del MAS con diferentes demandas.

Salvatierra, que lideró el “ala dura”, exigía el pronto retorno de Morales. El bloque conciliador, encabezado por su colega la senadora Eva Copa, demandaba la pacificación. Por otro lado, exministros de Morales pedían salvoconductos.

“Al final, el MAS termina votando para anular las elecciones y convocar a unas nuevas, con lo que la teoría del golpe de Estado se les cae”, expresó Vásquez, quien agregó que “si el MAS no hubiera votado esa ley, podían haber dicho que había golpe, pero cuando el MAS vota por unanimidad para anular las nuevas elecciones, ante un fraude electoral, confirma que no había golpe. La parte fundamentalista del MAS se cae”.

El asambleísta Gustavo Torrico afirmó que el MAS cometió “dos grandes errores” por la falta de experiencia de los legisladores. El primer error: la renuncia de Salvatierra, pues “en este momento ella sería la presidenta de Bolivia”.

El segundo error: que la bancada del MAS no se presente a la sesión que convocó Añez para el 12 de noviembre. “Si iban, se hubiera elegido al nuevo presidente de Senado y otra hubiera sido la historia”, manifestó.

Eduardo León, quien la tarde del 10 de noviembre acompañó a Luis Fernando Camacho y a Marco Antonio Pumari a dejar en Palacio Quemado la Biblia y la carta de dimisión de Morales, confesó que por momentos se vieron tentados en caer en la trampa del MAS. “Ese rato podíamos tomar Palacio, pero eso hubiera permitido consolidar la teoría de golpe de Estado”, relató.

Pagina Siete