La sanción social pesa más contra las mamás en casos de violencia infantil

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“Las madres no cuidan bien a sus wawas, por eso fueron víctimas de violencia”, “Dónde estaba ella cuando su esposo pegaba a sus hijos”, “Tienen varios hijos y hartas parejas, por eso les pasa eso” y “Por qué no han denunciado, ellas han encubierto a los agresores”. Son algunas de las frases y discursos más comunes que repiten los operadores de las instituciones que protegen a los sectores vulnerables.

Estas frases y discursos muestran cómo las madres son las más sancionadas socialmente por los casos de violencia contra sus hijos. En cambio, los padres son liberadores de toda culpa.

Esta situación es una de las conclusiones del estudio titulado No le digas a nadie lo que te conté. Violencia Contra la Niñez y Adolescencia: Una mirada desde las niñas, niños adolescentes y el Sistema Formal e Informal de Protección en Bolivia. La investigación fue representada el martes pasado por especialistas del Instituto de Investigación de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Católica Bolivia (UCB). Este trabajo fue realizado también con el apoyo de Visión Mundial.

La investigación fue elaborada entre 2017 y 2018. Para el estudio, los expertos entrevistaron a 77 funcionarios de los Servicios de Gestión Social (Sedeges), los Juzgados de la Niñez y Adolescencia, la Secretarías Sociales de las Alcaldías Municipales, los directores y maestros de escuelas y los directores, enfermeras, médicos, trabajadores sociales y psicólogos de centros de salud en todo el país. Recogieron testimonios de 447 padres y madres de familia, además de 635 niñas y niños, adolescentes de colegios.

¿Qué dice un funcionario del Sedeges de La Paz respecto a las tareas de una madre? “Ahora se están perdiendo muchas prácticas positivas”. (…) Antes los padres estaban constantemente trabajando y la madre con los hijos, lo que ahora no. Ahora ella es la primera que tiene que salir de la casa a buscar una fuente laboral y prácticamente ya no asume el rol como tal”.

La responsable de este proyecto de investigación del Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Católica, Paloma Gutiérrez, explicó que con el estudio se estableció que los operadores del sistema formal de protección a los niños identifican prácticas sexistas como un factor asociado a la violencia, pero no reconocen críticamente que al interior del propio sistema también trabajan desde creencias y actitudes machistas, porque en su propio discurso hay “una sobrerresponsabilidad a la madre antes, durante y después del acto violento contra sus hijos”.

Según el estudio, los operadores de protección indican que las madres no sólo no están atentas en casa antes de que se ejerza violencia contra sus niños, sino que tampoco denuncian cuando saben que su hijo fue víctima de violencia o hasta encubren al agresor y obstruyen el proceso judicial.

De acuerdo con Gutiérrez, entre los discursos más comunes de los funcionarios están: “Las madres no los cuidan bien a sus wawas, por eso ha pasado eso” o “¿Cómo sus papás les van agrediendo a sus hijos y ellas no dicen nada?”, “Tiene hijos, varias parejas y por eso les pasa” y “Se llenan de hijos estas mujeres y por eso las agreden”.

En una entrevista con los investigadores, un funcionario de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) de Trinidad (Beni) comentó respecto a las mujeres que piden ayuda en esa instancia: “Las madres tienen bastantes parejas, tienen un hijo para uno, dos para otro… Ay, no”.

El estudio indica que este tipo de discursos evidencian las contradicciones, los juicios de valor y la diferencia o desproporción con que valoran los roles de género. “Culpan únicamente a la progenitora por los múltiples embarazos y por su falta de capacidad en la crianza y educación de los hijos”, sostuvo Gutiérrez.

Asumen además la ausencia del progenitor como “normal”. Por esa razón, según el estudio, la sociedad “penaliza duramente la falta de lo femenino, pero normaliza la falta masculina”.

Los operadores de protección hasta justifican la irresponsabilidad de los padres y son perdonados porque simplemente son varones, la sanción moral es menor.

“Creo que el tema de la violación puede deberse a que (la familia) vive en un solo cuarto y el papá ve cambiarse a su hija, las ven en sus momentos de niña a adolescente y, ya trastornado o por las redes sociales, el padre tiene un deseo hacia su hija”, dijo un funcionario de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv) de El Alto.

En criterio de Gutiérrez, esas justificaciones como el hacinamiento, la borrachera y los problemas mentales, entre otros, “terminan disculpando y hasta absolviendo de culpa al agresor”.

De acuerdo con el psicólogo, Andrés Endara, esa sanción moral mayor a la madre y reducida al padre provoca que la mujer “tenga menos autoestima y mayor carga de responsabilidad”. Acotó que al final la mujer termina sufriendo depresión y hasta puede llegar a autolesionarse.

Para la gerente técnico de Visión Mundial, Claudia Escobar, este estudio es un instrumento para entender y profundizar la temática de la violencia.

Pagina Siete.