Al igual que Williams Kaliman, el exjefe policial fue puesto contra la pared por sus coroneles

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El apego desmedido de algunos jefes policiales hacia Evo Morales y el depósito del denominado “bono lealtad”, en plena crisis social de noviembre, fueron los detonantes que provocaron que los coroneles de la Policía arrinconen a su comandante general, Vladimir Calderón, y exijan su renuncia.

En entrevista con Página Siete, durante el conflicto, Calderón aseguró que estaba al lado de la Constitución Política del Estado (CPE) y que se debía a sus policías, pero sus actos y sus subalternos mostraron lo contrario.

“General Calderón, por una institución digna, tome buenas decisiones. Si usted no quiere apoyar a la sociedad, deje que la tropa apoye a su pueblo”, le escribieron los oficiales y policías de base el 6 de noviembre. Dos días después se amotinaron, lo desconocieron y se unieron a la población en todo el país.

Después de las elecciones generales del 20 de octubre, cívicos, vecinos, estudiantes, médicos y otros sectores se volcaron a las calles a bloquear en contra de la continuidad de Morales.

Durante esos días, hasta el 9 de noviembre, la Policía reprimió las manifestaciones, lo que causó el repudio de la gente.

Los gases lacrimógenos ya se terminaban y el cansancio, después de turnos de más de 24 horas, ya se comenzaba a sentir en las filas policiales. Frente a ellos, mineros hacían explotar dinamita muy cerca y los civiles no se cansaban de lanzarles piedras. La molestia ya era evidente.

Uno de los últimos días de octubre, Calderón convocó a una reunión con su Estado Mayor, es decir, con los 24 directores nacionales. El jefe policial terminaba de llegar del nuevo Palacio para anunciarles que se había conseguido el pago de 3.000 bolivianos para cada efectivo y que movimientos sociales y universitarios afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) llegarían “para hacer frente a la oposición”.

“Le reclamamos por qué cuando las cosas estaban ardiendo en el país teníamos que recibir ese bono, cuando pedimos nivelación salarial durante 13 años. Además, no podíamos aceptar que grupos masistas lleguen, iban a ocasionar más enfrentamiento y nosotros estábamos al medio; el general se molestó”, contó un coronel que estuvo en esa reunión.

Coroneles del Estado Mayor de la Policía hablaron con Página Siete sobre los días en que Calderón les mostró su lealtad al gobierno de Morales, que, de a poco, se caía. Este medio llamó al exjefe policial, pero no respondió las llamadas.

En una segunda reunión entre el comandante y su Estado Mayor, los coroneles le avisaron que la capacidad de los carros antidisturbios había sido rebasada y que necesitaban mayor apoyo. Más tarde, un Neptuno de la Policía Militar llegó al centro de La Paz para lanzar agua a los manifestantes. El general Jhonny Coronel, entonces subcomandante de la Policía, se enojó con sus subalternos cuando éstos pidieron que se llame a los militares.

El 8 de noviembre, Calderón convocó a su Estado Mayor de urgencia, los coroneles pensaron que se iba a tratar la situación de los efectivos, pero no. “Ese día salió en conferencia de prensa, leyó una carta para que las partes del conflicto depongan sus actitudes violentas; después, no hubo reunión”, contó otro coronel.

El Estado Mayor se enteró después de que esa conferencia fue coordinada con el entonces ministro Carlos Romero, por lo que la relación con el comandante se quebró.

En una carta, el representante del Consejo de Vivienda Policial (Covipol), Johnny Tapia, enviada el mismo día, le expresa su molestia por cómo Calderón manejaba a los policías: “Señor comandante, de acuerdo a la información presentada por miembros del Estado Mayor, tiene la obligación de comunicarle al Presidente esta sensible información sobre la realidad de los conflictos (…). Esta vez es totalmente diferente porque nos volvemos a encontrar al centro del conflicto, pero con la diferencia de que en uno de los lados está gran parte de la sociedad y en la otra los seguidores del partido oficialista”.

Los coroneles de la Promoción 88, quienes ahora ocupan la cúpula policial, se reunieron con Calderón el sábado 9 de noviembre y le pidieron que renuncie. “Él aceptó verbalmente, pero nunca lo materializó. Seguía ganando tiempo, no quería irse y tampoco pedía ayuda a los militares”, señaló otro oficial.

Un día después, el domingo 10 de noviembre, Morales presentó su renuncia a la Presidencia; Calderón no tenía ante quién presentar su dimisión y se empeñaba en seguir al mando. Durante esa tarde y la mañana del lunes 11, grupos vandálicos atacaron decenas de estaciones policiales, quemaron 66 buses PumaKatari y casas de autoridades; la Policía había sido rebasada.

Hasta esa fecha, los comandantes departamentales de Cochabamba, Raúl Grandy, y de Santa Cruz, Igor Echegaray, habían renunciado por presión de sus subalternos, al ser considerados aliados del MAS.

El que se armó de coraje fue el comandante departamental de La Paz, Antonio Barrenechea. Ese lunes, en la plaza Murillo, y con su uniforme antidisturbios, se dirigió al que era comandante militar, Williams Kaliman. “Mi general, le solicito que intervenga porque la Policía ha sido rebasada. No podemos permitir muertes y sangre. Hemos estado 21 días sosteniendo esto”, dijo.

Más tarde, las tropas militares salieron a las calles. Calderón llegó al Estado Mayor a pedir, ya tarde, que el Ejército intervenga e hizo oficial su renuncia. Fue la última vez que se lo vio.

Pagina Siete.