7 mil cuerpos esperan a su familia para no terminar en la fosa común

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Más de 7.000 cuerpos enterrados en el Cementerio Héroes del Gas (Ex-Tarapacá) esperan ser recogidos por sus familiares. Luego de varias notificaciones poco más de 100 osamentas han sido removidos por lo que la comuna alteña advierte que los cuerpos que no sean reclamados pasarán a una fosa común.

“Los plazos de las exhumaciones son sectorizados y paulatinos. Actualmente, estamos en el sector 2A. Los cuerpos que hasta la fecha no han sido reclamados por los familiares van a ser exhumados. Los plazos para los otros cinco sectores es de 30 días para cada uno. Ya está corriendo el plazo para el sector 2B”, indicó la secretaria Municipal de Desarrollo Económico, Ana María Saavedra.

En junio pasado la directora de Servicios Municipales e Iniciativas Económicas, Alejandra Pérez, indicó que un censo municipal contabilizó 7.850 restos albergados dentro del camposanto, que hace 10 años no recibe más entierros. De esos, 3.405 nichos no tenían nombre, ni ningún tipo de identificación. Además, 6.593 tumbas no fueron renovadas ni una sola vez.

Los familiares se resisten a sacar los restos de sus seres queridos, mientras que los vecinos de Santiago Primero piden agilizar el cierre del cementerio. Los últimos argumentan que el lugar es un foco de infección y que necesitan el terreno para otros proyectos como el de un hospital.

Un cementerio en agonía

En un terreno de tres hectáreas, descansan alrededor de 7.800 cuerpos en tumbas emplazadas directamente en la tierra. Todos están enumerados, porque hace algún tiempo la comuna alteña inició un censo para efectivizar un plan de cierre, ya anunciado en 2006.

En lo que parece una cuenta regresiva, cada nicho que está al borde del pasillo de ingreso. Muestra en su superficie un número que, conforme uno se interna en esa pequeña villa cubierta de flores secas, va en descenso. Y es que el tiempo de vida del cementerio se terminó. Hace años que no recibe más muertos y no genera ingresos para su manutención.

“Nos han dicho que tenemos que sacar a nuestros muertos, sino irán con los demás a una fosa común. De saber que se iba a cerrar no hubiera traído a mi papá”, afirma Consuelo, una mujer de unos 50 años que visita el camposanto.

Arregla la tumba de su padre emplazada en el Ex-Tarapacá hace ya 13 años. “Al poco tiempo dijeron que ya no iban a recibir más cuerpos porque estaba lleno”, afirma algo molesta.

Alrededor del nicho que visita, las exhumaciones ya han comenzado. De las tumbas vecinas sólo quedan montones de tierra acomodadas a los costados de unos huecos rectangulares y trozos raídos de frazadas y ropa.

Los pequeños nichos y los hoyos excavados dan al cementerio la apariencia de una pequeña población bombardeada y abandonada. Sin visitantes ni más cuerpos nuevos que albergar, el camposanto agoniza.

El abandono es notorio en el cementerio donde algunos restos ya fueron removidos.

El costo de desenterrar recuerdos

En la oficina de administración un aviso enorme detalla los requisitos para la exhumación. Entre ellos está el pago de 102 bolivianos por el servicio. En caso de no tener las renovaciones al día se debe cancelar el costo de 82 bolivianos por cada una de las gestiones rezagadas. Todo el dinero debe ser depositado a una cuenta municipal en el Banco Unión, a nombre del Cementerio Héroes del Gas Sur.

“Plata para enterrar, para renovar y ahora para llevarnos el cuerpo. Todo tiene un costo que al último nos creó problemas entre hermanos. ¿Acaso es fácil? se desentierra todo: los recuerdos, la pena… hasta lo problemas que teníamos antes”, señala una mujer que pide que su nombre “no salga en las noticias”.

Llegó junto a su hermano para exhumar a su progenitora, Aleja. Su nicho está a pocos metros de la entrada, en el lote derecho del cementerio.

“A mí tampoco me saque fotos. No quiero que nadie me vea”, añade malhumorado uno de los obreros del cementerio mientras con una pala saca la tierra que cubre el ataúd en el que descansa, desde hace 18 años, Aleja.

Como todas las familias que desean sacar un cuerpo, los dos hermanos tuvieron que depositar un monto de dinero por el trámite y poner al día las renovaciones de las gestiones pasadas.

De acuerdo a los años impagos, la suma de dinero fácilmente puede pasar de los 1.000 bolivianos. Así lo comprobó Orlando, quien exhumó el cuerpo de su madre fallecida hace 21 años. A la cuenta administrativa sumó unos 350 bolivianos que tuvo que pagar a los obreros que cavaron en la tierra por horas.

Otras familias buscan reducir los gastos y se llevan las osamentas en un plástico negro arropado en un aguayo. Otras en cambio preparan toda una ceremonia en la que además del trámite administrativo y la mano de obra, pagan los servicios de un sacerdote que llegue hasta el lugar para dar su bendición. Compran flores y hasta bebidas.

Los obreros también piden otros requisitos. No solicitan barbijos o guantes de látex, sino un poco de coca y alcohol.

“Hay que pijchar un poquito de coca y darle alcoholcito para que el alma se vaya tranquila y no se quede penando”, dice Domingo Peralta, uno de los obreros más antiguos.

Algunas familias llegan con flores y refrigerios.

Solo 100 exhumaciones

“Tras el anuncio del cierre hay días que vienen unas cuatro familias a recoger a sus muertos. Otros días esta vacío, vienen uno o dos”, afirma Peralta.

Según Saavedra hasta la fecha se han exhumado más de 100 cuerpos. Todos fueron trasladados a otros cementerios o a sus comunidades de origen.

“Hay que aclarar que esto es en el sector 2A, que ha sido con la prueba para empezar las exhumaciones. Los otros sectores tienen 30 días de plazo para cada uno”, indica Saavedra.

Manifiesta que dentro del camposanto aún hay más de 7.000 restos. Gran parte de ellos sin renovación porque sus familiares no han podido ir al cementerio a regularizar su situación.

“Con estos por menores debemos señalar que este año no se podrá concluir con toda la exhumación de los restos. La dirección ha ido dando y ampliando los plazos, sin embargo los familiares no se han aproximado. Hay que reflexionar, el lugar ha quedado céntrico. Pero si lo visitan, verán el abandono en que están los nichos”, sostiene.

Sobre el cementerio

Ubicación El camposanto está ubicado en el Distrito Municipal 1, en la zona Santiago Primero, a una cuadra de la estación del teleférico de la línea Lila.
Nombre Cuando fue inaugurado fue conocido como Tarapacá. Fue después de los conflictos de octubre negro, en 2003, que se le cambió el nombre a Cementerio Héroes del Gas Sur.
Cierre El proceso data de 2006 cuando el Concejo Municipal emitió una minuta de comunicación para el cierre.

Pagina Siete.