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«Chutos » dominan zonas en Yungas y autoridades levantan las manos

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Hace un par de semanas que a Palos Blancos, en Sud Yungas de La Paz, llegaron noticias sobre los controles que la Aduana y la Policía iniciaron a la compra y venta de autos indocumentados. A medida que pasó el tiempo, las versiones indicaban que los operativos también alcanzarían al municipio. Llegó el sábado, día de feria para ese tipo vehículos, pero ésta no se realizó, y el pueblo quedó paralizado porque sacó de las calles prácticamente a todo su parque automotor. Además, la población se mantuvo alerta y organizó vigilias para responder a cualquier intento de control de lo que considera algo normal: la propiedad de un auto sin placas, sin el permiso para comprar gasolina, sin el Seguro Obligatorio para Accidentes y otros requisitos sin los cuales en otras ciudades un vehículo no podría circular.
Vehículos sin placas en una avenida de Palos Blancos.
Foto:Ivone Juárez / Página Siete

Tanto en este municipio, como en su vecino Caranavi, de características diferentes debido a su mayor movimiento económico y cantidad de habitantes, es normal ver en los surtidores de gasolina más gente haciendo fila cargando galones que vehículos con conductores esperando abastecerse del carburante. Esas personas que hacen fila compran el combustible en bidones; dan unos pasos y, con la ayuda de una manguera, lo descargan en los tanques de los autos sin placas estacionados en el mismo lugar. Nadie reclama ni se alarma; es normal, igual que el tráfico vehicular de automóviles en su gran mayoría blancos y sin placas, entre los que se cuentan minibuses de transporte público y taxis.
La feria de autos “chutos” en Playa Verde de Caranavi.

En ambas poblaciones no existen datos acerca de la cantidad de estos motorizados ilegales. Las autoridades municipales no las tienen, pero las policiales consideran que hasta de 80% del parque automotor es indocumentado. Pero munícipes y policías aseguran que no se trata sólo de estas zonas, sino de muchas otras en Yungas donde el tráfico vehicular está dominado por los autos “chutos”.

La compra-venta de esos autos se realiza a cielo abierto, a vista y paciencia de las autoridades que no intervienen. Mientras la Policía aclara que no realiza ningún control, porque las personas que los comercializan en robustas ferias están asociadas y se lo impiden, igual que la población, los alcaldes prefieren no intervenir para no generar un “conflicto social”. Justifican este tipo de propiedad ilegal con el argumento de que es la única forma en que la población puede contar con un medio de transporte que le facilite su trabajo en el campo.
Una fila de gente que comprará gasolina en bidón, en Caranavi.

“Esos autos hacen servicio a las comunidades para sacar productos; no podemos cortarlo de la noche a la mañana, yo estaría causando un problema social. Muchos saben que no es legal tener un auto indocumentado, pero es como tener un animal de carga; van a su lote a sacar sus productos (con los vehículos), eso es; si quisiéramos cortar, tendríamos que cortar desde el Estado central el ingreso de los autos ‘chutos’”, afirma a Página Siete el alcalde Palos Blancos, Berman Arancibia.
Dos hombres cargan la gasolina que compraron en bidones.

El alcalde de Caranavi, Eustaquio Huiza, considera que tener un parque automotor 80% “chuto” no representa un problema para su población, por eso no lanzó ninguna propuesta al respecto en su campaña electoral con la que ganó las elecciones de ese municipio, en marzo pasado. Al mismo tiempo aclara que no tiene competencias para ejercer ningún control, ni para intervenir en la feria que cada miércoles se realiza en Playa Verde, a cinco minutos de su oficina.

“No lo veo como un problema y no prometí en campaña nada sobre este tema. No genera ningún conflicto; de temas de inseguridad ciudadana no se conoce. Nosotros no podemos hacer ninguna restricción, corresponde al Gobierno central hacer la restricción”, señala Huiza a este medio.

No se puede controlar

¿Y la Policía? Sus efectivos se declaran impedidos de poder realizar algún control porque es “generar conflicto” con las personas involucradas en este ilícito y a veces hasta con la población. El oficial de servicio de la Policía Rural y Fronteriza de Caranavi, Alan Quichijara, señala: “ Que nosotros hagamos un control riguroso es complicado, no sólo acá, sino en regiones del oriente y otras donde el problema de los autos indocumentados está presente. Hacer un control es, muchas veces, generar conflicto con los sindicatos y chocarnos contra el pueblo”.

El uniformado no cuenta ni con una decena de efectivos para realizar algún control en una población de más de 50.000 almas.

En Palos Blancos, el jefe cantonal de la Policía, Marco Gonzales, enfrenta una situación similar, con nueve uniformados para más de 24.000 habitantes. “No se puede hacer control; cuando uno quiere, la población reacciona de forma violenta a veces hasta contra el personal policial”, sostiene.

Mientras esto se ve en estas localidades alejadas del centro urbano de La Paz, hace algo más de una semana en el país se escucharon nuevamente voces que demandaban una nueva nacionalización de autos indocumentados y se vieron medidas de hecho, como un bloqueo de caminos después de operativos que la Aduana y Policía realizaron. Las medidas fueron protagonizadas por miembros de una asociación de propietarios de al menos 200 mil motorizados que buscan regularizar su propiedad con el argumento de que los vehículos en cuestión fueron adquiridos para trabajo agrario.

La solicitud encontró eco en el diputado Vicente Condori, del partido oficialista (MAS), quien anunció un proyecto de ley para ese fin; aunque el presidente de la Cámara de Diputados, Freddy Mamani, también del MAS, descartó la posibilidad, al menos por el momento. La última vez que se realizó un saneamiento de “chutos” fue en 2011.

Inseguridad

Todos los miércoles en Caranavi, en el sector de Playa Verde, se lleva a cabo la feria de autos indocumentados adonde llegan cientos de personas procedentes de municipios aledaños e incluso de otros departamentos de Bolivia, atraídos por las ofertas de vehículos a precios en bolivianos.

“Se encuentran autos de hasta 20.000 bolivianos. Claro, el punto son los papeles, las placas y otros requisitos que en poblaciones alejadas no valen porque no hay controles policiales ni de ninguna autoridad. Los que traen estos autos son gente de otras regiones que está organizada en asociaciones”, afirma un vecino de Caranavi.

A diferencia de lo que menciona el alcalde Eustaquio Huiza, el hombre comenta que la actividad ilegal genera varios problemas de inseguridad ciudadana, como el robo de vehículos entre los comercializadores y otros delitos que se cometen dentro de los autos sin identificación. “En una oportunidad hubo un gran enfrentamiento por el robo de uno de estos autos. Se dio con el supuesto culpable; lo agarraron y lo llevaron no se sabe dónde, nadie supo nada”, comenta.

El oficial Alan Quichijara precisa que con los autos indocumentados se presentan problemas incluso para el control del tráfico vehicular, porque no se puede aplicar sanciones a los conductores, que además de no tener papeles de su vehículo, a veces no cuentan ni con licencia de conducir. Es peor cuando se da un accidente o cuando dentro de un motorizado de esas características se produce un delito. “Los casos no son frecuentes, pero sí los hay y nuestras funciones están limitadas porque se presentan varios obstáculos en la investigación”, dice.

En Palos Blancos la situación de inseguridad que generan los autos indocumentados es más preocupante. El jefe cantonal de la Policía, Marco Gonzales, indica que para cometer delitos se usan estos autos, con los cuales no se puede realizar ninguna investigación.

“Se presentan muchos hechos delictivos, desde el robo de vehículos hasta violaciones y asesinatos. Tuvimos casos de violación, infanticidios, feminicidios. Utilizan estos vehículos y cuando llega la denuncia, las referencias son: ‘un vehículo Ipson blanco’, y acá existe cualquier cantidad de Ipson blancos; eso nos conflictúa, nos ata de manos”, señala.

Juan Carlos, poblador de Palos Blancos, no ve problema en tener un auto indocumentado. “Eso es normal aquí, utilizamos los vehículos para sacar los productos de nuestras comunidades”, afirma.

En Caranavi, Agustín, un paceño que vive en la región desde hace más de 15 años, comenta: “La gente compra un vehículo ‘chuto’ porque es barato y le ayuda a llegar a comunidades donde no hay caminos”.

«“Todos en alguna medida sabemos que está mal, pero a quién afectamos, ¿al Estado? Si el Estado no nos da nada, no nos tiende la mano, ¿por qué nosotros tenemos que hacerlo?”, añade el hombre mientras pasea por las calles del pueblo polvoriento en cuyas avenidas lo raro es ver un vehículo con placas.

Clandestina pero a cielo abierto en Caranavi

“No le digas nada, te está grabando”, dice un hombre a otro que en medio de la feria de autos indocumentados en Playa Verde, de Caranavi, explica a un posible comprador las características del vehículo que tiene a su cargo. El hombre se acercó furtivamente y desapareció igualmente, en medio de las filas de autos en su gran mayoría blancos y todos sin placas. El vendedor alertado desapareció de la misma manera.

Ése es el ambiente que reina en la feria que se realiza todos los miércoles y en la que la mayoría de los vendedores casi se camuflan detrás de los vehículos, en pareja, entre dos, tres o más personas. Cuando un posible cliente capta su confianza, más que la sensación de una oportunidad de venta, se esmeran dando las características de los vehículos y ofrecen alternativas. “¿Qué modelo está buscando? Se lo entrego en dos días, en La Paz”, prometen.

Cuando se les pregunta por los papeles de propiedad, se hacen los desentendidos, pero si se logra su confianza ofrecen cumplir con todo.

La feria está en constante movimiento porque los vehículos entran y salen de la calle donde están estacionados a modo de exposición, con información técnica escrita en sus parabrisas o códigos que precisan su procedencia.

Los hombres y mujeres que los ofertan están atentos a quienes llegan al lugar y si notan algo “sospechoso” se alertan silenciosamente entre ellos. Uno se siente vigilado y en estos tiempos de pandemia, el barbijo, al parecer, es una señal de alerta.

Al salir de la feria en un taxi, el hombre que da el servicio finalmente termina respondiendo a las preguntas sobre el ambiente enrarecido de la feria. “Son, pues, autos de contrabando ilegales, por eso se comportan así”, dice en tono casi molesto. Su vehículo tampoco tiene placas. “No tengo papeles pero sólo uso el auto en la provincia, para hacer mis cosas personales y luego para trabajar un rato de taxi”, aclara.

Ante la consulta de las limitaciones a las que lo expone un motorizado sin papeles, sobre todo a la hora de comprar gasolina sin el B-Sisa, responde: “La Alcaldía es autónoma y nos vende. A ver que no quiera vendernos, somos muchos, salimos y le bloqueamos todo”.

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