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Carlos Mesa: “Arce parece aun más convencido del discurso de odio que el propio Evo”

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El discurso de odio y la negativa al diálogo ha caracterizado la gestión de Arce, según Carlos Mesa, líder de CC. “Hay una persecución sistemática a la oposición utilizando el poder judicial como un martillo de represión que sustituye a los tanques y a las ametralladoras de los tiempos de la dictadura militar. (…) Morales sigue siendo el problema principal que tiene Bolivia y que tiene nuestra democracia”, dice el expresidente.

Asegura que, aunque la oposición se enfrenta al rodillo del MAS en la Asamblea Legislativa, ésta ha impedido que se lleven adelante “arbitrariedades mayores”.

¿Cómo evalúa el primer año de gestión del presidente Arce?

Ha sido más de lo mismo, con el agravante de que tenemos un presidente nominal, elegido, que es Luis Arce y un presidente en la sombra que es Evo Morales. Desde el punto de vista global, creo que el resultado de la gestión es negativo en lo económico, político y social.

En lo económico, el Gobierno no avanza en los indicadores macroeconómicos. Nos cuentan la historia de que ha habido un crecimiento espectacular, a debatir, si fuera 8% el rebote del 11% de decrecimiento económico del año pasado, no alcanza para poder decir que estamos creciendo. Es el efecto rebote que se ha producido en todo el mundo, el Gobierno no tiene aquí ningún mérito. En cuanto a las reservas del Banco Central están en el borde de lo aceptable, al límite de los 4.000 millones de dólares y descendiendo. En la inversión pública, no se atiende lo importante que son hidrocarburos y minería: estamos con un déficit de gas y en el largo plazo no tenemos posibilidades de garantizar mercados nuevos. El presidente Arce sigue actuando económicamente como si estuviera en tiempos de bonanza y no estamos en tiempos de bonanza. Es más centralismo, más estatismo, mayores empresas del Estado, menos incentivo a la inversión privada, poco incentivo al pequeño, micro y mediano empresario. En ese contexto, el escenario a medio plazo no es bueno.

En salud, no hemos llegado al 50% de vacunación; creo que es un porcentaje muy bajo para tener seguridad en el conjunto de la población sobre la covid y el sistema de salud no ha cambiado en absoluto en las deficiencias que tenía con el sistema universal inventado por Morales. En educación, esta indecisión entre si estamos en modalidad virtual, semipresencial o presencial, con un gran interrogante sobre si habrá otra vez un paso por decreto de los chicos en otro año perdido no es muy alentador.

En lo político, desastroso, porque el discurso de odio y la negativa al diálogo se han impuesto. Además, una política internacional que está basada en acusar a nuestros socios estratégicos como la Unión Europea y a nuestros socios multilaterales como la OEA no genera una visión de seguridad. Pero lo que más nos preocupa es que el Gobierno no quiere abrir vasos comunicantes con la oposición. Y la oposición política ha trabajado, nosotros en particular como Comunidad Ciudadana, en propuestas de diálogo, paz y reconciliación que han sido rechazadas con ese terrible invento del “golpe de Estado”, que da lugar a la persecución ilimitada de los opositores, la prisión ilegal de la expresidenta, exministros, exjefes policiales y exmiembros del alto mando militar.

La oposición ha jugado también un rol que, según analistas, ha sido irrelevante y bajo la agenda del MAS. ¿Cómo evalúa el papel de la oposición y en particular de CC?

La repetición del discurso no funciona, lo que valía para hablar de la oposición de Tuto Quiroga en el año 2006, la oposición que no existió nunca de Manfred Reyes Villa en 2009, la oposición de Unidad Demócrata en 2014 no es la de hoy por una razón obvia: la oposición política enfrenta una realidad incuestionable, que es el control de las dos cámaras por parte del Movimiento Al Socialismo. Lo que prueba que la oposición trabaja es que no han podido iniciar juicios de responsabilidades arbitrariamente planteados ni hacer nombramientos por dos tercios, porque ahí el MAS no tiene mayoría y le estamos impidiendo llevar adelante arbitrariedades mayores.

El otro elemento es que hemos construido un bloque de unidad, que es lo que la gente le pide a la política. Como Comunidad Ciudadana, nos hemos sumado al bloque junto con partidos políticos, movimientos cívicos, representación gremial y plataformas ciudadanas. Lo cual nos ha permitido establecer una línea de unidad sobre temas centrales, como por ejemplo la ley de ganancias ilícitas, que no era otra cosa que la construcción policiaca disfrazada en una ley, como lo alertamos. Hemos hecho propuestas de paz y reconciliación para poner en evidencia la falta de voluntad del Gobierno para construir espacios democráticos.

Creo que el trabajo de CC ha sido serio, responsable y propositivo dentro de las limitaciones evidentes. Acabamos de realizar una elección interna para representantes. No se necesita ser demasiado sagaz para saber que, cuando hay alguien que controla más del 50% en la Asamblea, éste hace lo quiere en cuanto a aprobación de leyes; no porque la oposición sea mala o regular, sino porque tiene los votos que son los que cuentan.
Carlos Mesa, líder de Comunidad Ciudadana.
Foto: Archivo / Página Siete

Volvamos a la campaña de CC. ¿Cambiaría algo de lo que hizo?

Hay que entender que hay dos campañas que son una sola: la de 2019 y la de 2020. En la del 2019 logramos un éxito rotundo que forzó a una segunda vuelta y obligó a Evo Morales a hacer un fraude gigantesco, porque en la segunda vuelta iba a perder. Fue un triunfo electoral y una situación que no repetimos en 2020, no creo que por razón nuestra. La lección histórica que la elección de 2019 dio a Bolivia fue mirar a un solo candidato.

Una cosa fundamental es que, si quieres construir una candidatura de unidad, debes presentar tus credenciales, y las credenciales de Carlos Mesa eran más del 35%, con todo y fraude, en 2019. La lógica era que fuera el candidato, no por razones de personalismo, sino porque el voto me favoreció de manera contundente y era evidente que el país podía conglomerarse alrededor de mi candidatura; lamentablemente, hubo decisiones equivocadas tanto de la expresidenta Jeanine Añez como del líder cívico y actual gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho.

En 2020, estábamos en pandemia, no se lo vio en campaña presencial sino en el Zoom.

Vamos a ser claros en esto: la campaña de 2019 fue intensísima, en mi vinculación personal, en mis viajes, en mis visitas a capitales, provincias. En 2020 estábamos en pandemia, en cuarentena, estaba prohibida la vinculación de más de cinco personas y yo tengo la mala costumbre de cumplir la ley y de ser respetuoso de las obligaciones que tengo como ciudadano y nos comprometimos en CC, no por el gusto mío de no salir a la calle, sino por la responsabilidad en un momento tan difícil que generó tantísimas muertes que parecen olvidarse. Si yo cometí algún pecado, es cumplir la norma y proteger la salud de mis compatriotas, y, de eso, no me puedo arrepentir.

¿Influyó el gobierno de Añez para que Arce sea presidente?

El de la presidenta Añez no fue el mejor gobierno de oposición al masismo, creo que confundió los términos porque asumió algo que no era verdad: que la salida de Evo Morales representaba el fin del Movimiento Al Socialismo y la imposibilidad del MAS de volver a gobernar. El segundo concepto es que estuvo rodeado de personalidades con una línea extremadamente conservadora. Y, lamentablemente, lo más grave, las irregularidades relacionadas a hechos de corrupción que se han probado o que están en investigación generaron una decepción completa.

El único atenuante que tiene la expresidenta Añez, que no se puede dejar de lado, es que tuvo que enfrentar la pandemia, lo que generó una caída brutal de la economía, pero no en función de una mala gestión, sino por la crisis mundial que generó la covid y la cuarentena que desaceleró la economía. Los errores se remataron con la decisión muy equivocada de Jeanine Añez de presentarse como candidata a la Presidencia del Estado, cuando lo que correspondía era que presida el proceso electoral, administre la elección y entregue el mando democrático a quien ganara la elección; cosa que no ocurrió, en gran parte porque se enquistaron en posiciones radicales los unos con los otros.

¿Hay persecución a miembros de CC y a usted mismo por su participación en el diálogo de 2019?

Yo no he cesado de ser perseguido desde el año 2005, cuando dejé la presidencia. Comenzaron con los petrocontratos, siguieron los gastos reservados, misiles, edificio Brasilia, Camargo Correa, Quiborax (a pesar de haber sido amnistiado) y ahora por el supuesto “golpe de Estado”. De modo que la persecución ha sido la cotidianidad en el gobierno de Morales y en el de Arce. Pero no es mi caso el que importa, sino la persecución sistemática a la oposición utilizando el poder judicial como un martillo de represión que sustituye a los tanques y a las ametralladoras de los tiempos de la dictadura militar. Además de la respuesta cínica del Ministro de Justicia, quien dice sin el menor rubor: ‘Sí, no hay independencia de poderes, pero no es este el momento para la independencia judicial’. Lo que estamos viviendo es un discurso de odio pese a la promesa retórica del vicepresidente Choquehuanca de construir espacios de unidad, que no se cumple de manera alguna. El presidente Arce parece aun más convencido de ese discurso de odio que el propio expresidente Morales.

¿Qué se puede esperar si el presidente Arce en Naciones Unidas acusa a la Unión Europea de golpe de Estado?; es decir, hemos llegado a un grado insólito. La Iglesia Católica, la Unión Europea, Naciones Unidas, el gobierno de España y el gobierno de Brasil en diferentes momentos nos invitaron al diálogo. Esto es importante: nosotros no propiciamos esas reuniones, sino que fuimos invitados como CC para tratar de colaborar entre todos a la salida pacífica, porque había una violencia desatada promovida por el señor Morales. Y la salida democrática, en mi opinión, no tenía otro nombre que Jeanine Añez, quien era la segunda vicepresidenta del Senado, la primera en la línea de sucesión después de que Evo Morales buscara un vacío político artificial.

En ese contexto, lo que está pasando es que el “golpe de Estado” se convierte en un instrumento de persecución que se les ha convertido en un callejón sin salida para buscar descabezar no solamente a la expresidenta, sino a todo el que piensa diferente.

Quedan aún cuatro años de gestión, ¿qué debe hacer el Gobierno?

Esos cuatro años deberían ser una oportunidad; el gobierno de Arce tiene la oportunidad de rectificar. Creo que el primer desafío del gobierno de Arce es la paz, la reconciliación y el reencuentro entre bolivianas y bolivianos, que pasa por terminar el discurso de odio y entender que el MAS, Creemos, Comunidad Ciudadana y la sociedad civil somos parte de un todo que podemos estar en posiciones distintas, pero no enfrentados en función de enemigos, sino de adversarios que tenemos ideas diferentes. Un segundo elemento es que tiene que terminarse con una lógica que está generando una ruptura en el mundo indígena, entre indígenas de tierras altas, quechuas y aymaras, e indígenas de los llanos por un escenario fundamental que es el de la tierra y con respeto real, que no existe, al medioambiente.

Desde el punto de vista de la economía, tiene que empezar un tránsito de un extractivismo ciego a una visión de economía mixta, a una reconducción del extractivismo que se está terminando sin dar respuesta a temas tan cruciales como el litio. En educación, hay que establecer un cambio de fondo cualitativo al modelo educativo, al que no ha sido proclive positivamente la reforma Abelino Siñani. Yo creo que la educación intracultural y bilingüe está bien, pero hay un desfase con la revolución educativa a nivel mundial, que el Gobierno no ha entendido.

Justicia es el peor problema porque no hay justicia y, mientras no haya independencia del Órgano Judicial, del Ministerio Público, a través de un proceso adecuado de las nuevas autoridades, y mientras no haya un cambio en la cúpula, no vamos a tener solución al tema político, pues la justicia es el verdadero corazón político del discurso de odio y confrontación.

¿En este escenario qué papel juega Evo Morales?

Morales sigue siendo el problema principal que tiene Bolivia y nuestra democracia. Morales está condicionando la política boliviana y el funcionamiento del gobierno a sus viejos esquemas en la parte administrativa y en la construcción de una retórica de estatismo y nacionalización que sus propios seguidores no respaldan, como es evidente cuando se toca el bolsillo de la economía informal o de los gremiales en el caso de la ley contra las ganancias ilícitas. Y segundo, desde su propia acción política, hay una obsesión por blanquear el fraude interna internacionalmente; por eso, el invento del golpe y una obsesión enfermiza por volver a la presidencia, independientemente de cualquier costo para el propio país.

¿Qué debe hacer CC los próximos cuatro años?

Tenemos un desafío fundamental que es ratificarle a Bolivia que somos la opción democrática, renovadora, alternativa, que el país tiene para el año 2025; eso significa que tenemos que ratificar ese trabajo de oposición responsable, con programa, con principios y con propuestas y demostrarle al país que tenemos un espíritu de diálogo que cree realmente en la reconciliación y que enfrenta al autoritarismo venga de donde venga. No respondemos a posiciones ultraconservadoras; creemos que somos –para usar un término popular– progresistas en términos de medioambiente, de cambio modelo productivo, de construcción genuinamente democrática y de una justicia que sea realmente para todos. Ese es un desafío que tratamos de cumplir cada día, no es fácil.

Entiendo que a los analistas les encantaría que el mundo cambie a partir de lo que escriben, los respeto, pero les pido algo fundamental: establecer la claridad del análisis sobre la claridad de la realidad; es decir, cuando tienes alguien que controla la mayoría en la Asamblea Legislativa, ¿cuál es tu margen de juego parlamentario? Por lo tanto, nuestro juego está en la estructuración y la construcción de espacios de alianza con la base de la sociedad.

¿La bancada está unida? Llamó la atención la salida de la jefatura de la senadora Barrientos.

La bancada de Comunidad Ciudadana acaba de pasar por una elección por voto secreto, universal y con todos los parlamentarios con la posibilidad de postular y de ser postulados para nombramientos de jefatura de bancada, de jefaturas alternas para las proposiciones que vamos a hacer en la plancha para la vicepresidencia en senadores, la secretaría en diputados y de todos los titulares de las comisiones y comités que le corresponden a CC. Ha sido un ejercicio democrático para hacer real lo que predicamos: la democracia no sólo funciona para el discurso, sino también por dentro y lo hicimos en un escenario de absoluta participación democrática.

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