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Ropa usada causa pérdidas de $us 100 millones anuales al sector textil

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Juan Carlos Vargas, presidente de la Federación de Micro y Pequeña Empresa (Fedemipe), asegura que el fenómeno de la ropa usada es un mal que afecta a toda la cadena de la industria textil del país. La Confederación Nacional de Micro y Pequeños Empresarios (Conamype) estima que la importación y comercialización de prendería de segunda mano genera pérdidas de al menos 100 millones de dólares anuales.

“En el mundo los bolivianos somos reconocidos por la calidad de nuestra mano de obra, confeccionamos en grandes industrias de Brasil y Argentina. Lastimosamente, en el país no se han desarrollado empresas dedicadas a la fabricación de materia prima y por eso nuestros costos no son competitivos. Resulta imposible competir en precios con la ropa usada”, dice Vargas.

Por las pérdidas en el sector textil Conamype calificó a este rubro de la ropa usada como “competencia desleal”, que no paga impuestos y resta empleos.

“Miles de bolivianos se han visto afectados directamente por el cierre de microempresas y han tenido que salir a buscar trabajo en el exterior dejando a sus familias”, manifiesta Vargas.

El gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, indica que desde 2011 Bolivia se convirtió en un país importador neto de prendas de vestir, lo que cambió su perfil comercial. El panorama empeora cuando se toma en cuenta la cantidad de ropa usada que entra de contrabando.

“En 2005 Bolivia gastaba 14 millones de dólares en la importación de ropa, mientras que el año pasado gastó 43 millones. Esto debido a que se han perdido mercados internacionales, a que mantenemos un tipo de cambio fijo en la moneda que dificulta competir con otros países y al incremento de costos de producción”, explica el economista.

Frente a la creciente cantidad de comercializadores de ropa usada, Vargas subraya que pese a ser numerosos, no generan otras fuentes de empleo. “Nosotros somos 150 mil empresas pequeñas y medianas del rubro textil y empleamos directamente a unas 600 mil familias”, afirma.

Para el dirigente de comerciantes de ropa usada en Santa Cruz Rodolfo Condori el problema no son ellos. “La industria nacional es de pésima calidad. La población accede a nuestras prendas porque son buenas. Tenemos precios desde cinco bolivianos, somos la opción para el bolsillo. No somos el perjuicio, lo es la ropa china, peruana y panameña”, afirma.

Vargas señala que es necesario determinar si queremos ser un país consumista de productos desechados o si queremos avanzar y apostar por lo nuestro. “Hay que decidir y tomar medidas”.

El gran negocio que nació de la caridad

El negocio de la ropa usada en Bolivia se ha convertido en un fenómeno social, económico y político. Está tan expandido y arraigado que no hay rincón donde no lleguen prendas de medio uso.

Sólo en Santa Cruz de la Sierra hay 54 puntos de venta de diferentes productos de medio uso. Los comerciantes de este gremio copan las avenidas, usan las aceras públicas de manera itinerante o se instalan dentro de grandes mercados de abarrotes.

Según el libro Impacto de la importación de ropa usada en Bolivia, publicado por el IBCE en 2005, el rubro inició en la década del 80 cuando el país se convirtió en el blanco de la caridad de instituciones benéficas de Estados Unidos y Europa. Estas entidades privadas, que en su mayoría eran fundaciones e iglesias, recolectaban todo tipo de prendas que sus ciudadanos desechaban o que las tiendas descartaban por tener fallas de fábrica o estar fuera de temporada.

Todo lo recaudado era enviado como donación a los países pobres considerados “en vías de desarrollo”. Entre ellos Bolivia.

La caridad pronto abrió la puerta al negocio. Algunos comerciantes vivaces descubrieron que se podía vender muy bien este tipo de prendas y empezaron a ingresar fardos de ropa usada por los puertos chilenos de Arica e Iquique.

El 31 de enero de 2004, el entonces presidente Carlos D. Mesa Gisbert firmó el Decreto Supremo 27340 que aprobó un marco normativo para el control de la mercadería de segunda mano. La medida consolidó el negocio y lo potenció, aunque no por ello logró que el rubro entre en la legalidad y pague impuestos.

Sólo el 7% del volumen importado de ropa usada era internado amparado por el decreto. El restante 93 % lo hacía sin registro aprovechando los puntos fronterizos que no contaban con control aduanero.

El año 2006, el Decreto Supremo 28761, firmado por el presidente Evo Morales Ayma, prohibió la internación y comercialización de estas prendas. Para ambos puso como fecha límite el 21 de junio de 2007 y el 1 de marzo de 2018, respectivamente.

En la actualidad existen colosales mercados exclusivos para esta mercadería tales como el Mercado Kantuta en Oruro, la Feria 16 de Julio en El Alto, el Mercado Esteban Arce en Cochabamba o el Mercado Cumavi en Santa Cruz.

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