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Ilegal: en 14 años, ropavejeros crecieron de 15.300 a 250 mil

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En 14 años, el número de comerciantes de ropa usada se incrementó de 15.300 a 250 mil, pese al Decreto Supremo 28761 de 2006 -firmado por el presidente Evo Morales- que prohíbe la importación y comercialización de este tipo de prendería.

“Somos alrededor de 250 mil comercializadores que estamos en emergencia. Cada año somos más, por eso queremos carnetizarnos”, afirma el secretario general del Comité Departamental de Ropa Usada de Santa Cruz, Rodolfo Condori.

La cifra que lanza es 16,6 veces la cantidad de ropavejeros que habían en 2005, cuando -según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE)- los comerciantes de las prendas de segunda mano llegaban a 15.300. Es decir que en 14 años 235 mil personas ingresaron al rubro.

El 9% del total son mayoristas que compran grandes cantidades de fardos de ropa para venderlos a minoristas de ferias o ambulantes. Viajan a Oruro para adquirir las talegas del mercado La Kantuta y desde allí hacen envíos a todo el territorio.

Según una vendedora que prefiere no ser identificada, cada uno de estos atados de ropa puede costar desde 350 bolivianos hasta 3.500, dependiendo del tipo de prenda y su estado. La cantidad de piezas en el interior varía de acuerdo al tamaño de éstas. Por ejemplo, los de ropa de niños traen más unidades que los de chamarras para adultos.

La oferta también se hace vía internet a través de plataformas de Facebook como Los Cachis-Femenino, Compra y Venta en Bolivia y Anuncios Santa Cruz. En estos espacios un fardo puede ser ofertado en 1.600 bolivianos. Si es de ropa de primera “puede contener desde 100 hasta casi 500 prendas”.

Por ejemplo, una talega de blusas juveniles de primera puede tener hasta 400 prendas, aproximadamente. Por unidad pueden llegar a venderse en 50 bolivianos, generando una ganancia de más de 18.000 bolivianos, si se llega a vender todas las piezas.

Parte de la cotidianidad

“Makeit real” se lee en la polera talla small que luce Carmen justo ahora. La prenda ha viajado más de 8.000 kilómetros por mar y tierra para llegar a sus manos en Santa Cruz. Meses antes, tal vez otra joven, pero en California, EEUU, lució esa misma prenda y luego la donó sin imaginarse que iría a parar a una montaña de ropa de “verano juvenil” en el mercado Cumavi de Santa Cruz.

“De marca es”, le dice una vendedora a un joven que acaba de pararse a ver un pantalón jean frente al mercado Abasto. “Recién ha llegado”, le asegura pero no consigue concretar la venta.

“Para mí la mejor ropa es la americana. Yo me compro ahí hasta las toallas porque son finísimas. Los vestidos de fiesta para mis niñas vienen nuevitos”, cuenta Silvia, quien compra en la feria de los domingos en la avenida Santos Dumont.
Escenas como estas suceden todos los días en todo el país. Gente que compra y gente que ofrece mercadería usada y de contrabando que tiene prohibido el ingreso. Alta oferta, alta demanda.

Protestas en tiempo electoral

El pasado martes, los comerciantes de prendería usada realizaron un ampliado nacional en la ciudad de Cochabamba. Ratificaron el pedido de legalizar su actividad, decidieron carnetizar a su sector para contabilizar a sus miembros y manifestaron su deseo de tributar. Blanca Garavito, delegada de los ropavejeros de Sucre, pidió que se permita la comercialización de ropa usada, por lo menos por cinco años más, que es lo que duraría la gestión de Evo Morales si gana las elecciones.

La ministra Nélida Sifuentes aseguró que legalizar ese sector significaría matar la industria nacional. “Aquí se trata de defender lo nuestro”, afirmó.

Si bien se consideró la petición del sector imposible, la época electoral parece abrir camino a la negociación. Según informaron desde el ampliado, el viceministro Alfredo Rada estuvo presente para escuchar al gremio.

Página Siete llamó al Viceministerio de Coordinación con los Movimientos Sociales para confirmar esta reunión. Desde esta cartera negaron tal encuentro.

Norma rechazada y crédito malgastado

“Hace un mes que la ropa usada no está entrando al país”, declara con preocupación Rodolfo Condori, secretario general del Comité Departamental de Ropa Usada de Santa Cruz. “Muchos compañeros están sin mercadería. Estamos en emergencia”, dice.

Piden la derogación del Decreto Supremo 28761 que prohíbe la internación y venta de ropa usada a partir del 1 de marzo de 2008. Normativa que en más de 10 años no fue acatada pero que desde hace un mes intenta cumplirse.

“No solo queremos la derogación. Queremos tributar y carnetizarnos para ya no ser ilegales”, añade Condori.

Para pasar de lo ilegal a lo legal, la propuesta del Estado en 2006 fue ayudar a los comerciantes a migrar a otro rubro o cambiar de mercadería. Para eso, en 2007, el Decreto Supremo 29208 autorizó al Ministerio de Hacienda constituir un fideicomiso de hasta 80 millones de bolivianos para apoyar a la “relocalización” de los comerciantes.

Según los comercializadores de prendas de medio uso ese dinero nunca les llegó porque los créditos fueron otorgados en medio de irregularidades. “Había un programa de reconversión encabezada entonces por la ministra Celinda Sosa que fue un fracaso. No sabemos a quiénes llegó ese dinero. Pedimos al Gobierno que investigue porque nuestro sector no ha sido beneficiado”, asegura Condori.

La ministra de Desarrollo Productivo, Nélida Sifuentes, asegura que el dinero sí llegó al sector, pero que en vez de invertirlo en “reconversión” fue usado para fortalecer el “rubro ilícito”.

Solo ropa importada

Bolivia De acuerdo con datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, desde 2011 el país pasó de ser exportador de prendas de vestir a ser un importador neto.
Exportación Hasta 2015 el país exportaba 51 millones de dólares en prendas de vestir e importaba por un valor de 14 millones de dólares. El año pasado las compras del exterior sumaron 43 millones y las ventas alcanzaron apenas ocho millones de dólares, según un reporte del INE.
Déficit El 2015 y 2016, la diferencia negativa entre importaciones y exportaciones de prendería superó los 40 millones de dólares.
China El país asiático fue el principal proveedor de ropa para Bolivia con el 24% del total de las importaciones.

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