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“Antes de viajar, oramos para llegar bien a nuestro destino”

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“Antes de partir nos encomendamos a Dios para llegar bien a nuestro destino”, dice Pamela Ramos, una odontóloga de 26 años y sobreviviente del accidente en Charazani que dejó 15 muertos, 12 eran voluntarios y profesionales en el área de salud. “Eran mis amigos, eran mis compañeros. Éramos una familia”, asegura.

A diferencia de anteriores viajes, los jóvenes voluntarios de la organización Medfund rompieron la rutina de orar antes de subir al bus porque el chofer había llegado tarde. Entonces se encomendaron a Dios cuando ya estaban dentro de la flota. “Fue lo último que hicimos juntos antes de viajar, siempre nos encomendamos al Señor para llegar bien a nuestro destino”, dice. “Esta vez no fue así”, llora.

Suspira, se limpia las lágrimas y dice: “Fui una de las primeras personas en salir del bus. Recuerdo que en una curva la flota frenó fuerte y se empezó a volcar. En la primera vuelta los vidrios reventaron. Yo he podido salvarme porque salí expulsada del vehículo”.

Antes del accidente, Pamela y su amiga Cocola (Nicol, otra de las voluntarias y heridas) decidieron usar sleeping y en uno de los lugares donde había señal realizaron una videollamada a un amigo para decirle por qué no se apuntó para este viaje.

Cuando escuchó cómo los vidrios del bus comenzaron a reventar, la joven se tapó la cara, fue expulsada de la flota y comenzó a rodar. “Escuché gritos. Luego perdí el conocimiento”, dice.

Despertó y vio que en un costado se encontraba uno de los zapatos de su amiga. Pensó lo peor. Sacó fuerzas y se paró para ayudar a sus compañeros. “Todos gritaban, la gente pedía auxilio”, cuenta, mientras intenta secar sus lágrimas una de las salas del Hospital Agramont de la ciudad de El Alto.

Caminó un buen tramo, logró salir hasta un costado de la carretera, tenía un celular y empezó a llamar para pedir ayuda. De un costado apareció Marco, otro de los voluntarios de Medfund. “Estaba ensangrentado. Me dijo que llame al 110”, dice.

Pamela sólo pensaba en salvar a sus compañeros. “Empecé a gritar el nombre de mi amiga Cocola. Escuchaba el llanto de mujeres y niños”, cuenta.

Luego de varios minutos, Cocola respondió a los llamados. “Me dijo que estaba bien, ella se salvó, creo hemos tenido suerte porque estábamos dentro de los sleeping”, dice e intenta entender por qué sus amigos no tuvieron la misma suerte. “Nuestros asientos estaban al medio y al lado contrario del chofer”, dice.

La delegación de voluntarios ocupó al menos 24 asientos. Detrás de Pamela se encontraban sus otras compañeras, América, Frank, Areceli y Marcela. De rato en rato la joven intenta averiguar cuál fue la suerte de sus amigos. Llama y pregunta: “Sabes dónde está internado. ¿Salió de terapia intensiva”, dice. “Araceli era de Santa Cruz, siempre me decía que me iría a visitar a La Paz. Marcela era tarijeña”, comenta.

Los viajes inolvidables

Pamela es odontóloga. Trabaja como voluntaria desde hace dos años en la fundación y participó en más de dos viajes. “Somos médicos viajeros, llevamos ayuda a lugares alejados donde no llegan los servicios de salud. Atendemos a niños y adultos”, cuenta.

Para la joven, cada viaje es único e inolvidable. “Cada comunidad tenía una cultura distinta”, comenta y recuerda que su último destino fue mayo, cuando visitó una comunidad en Teoponte. Y justo era su cumpleaños. Entonces, en ese lugar la sorprendieron con una cena y una torta.

Cada vez que habla de los viajes con Medfund siempre recuerda a sus amigos. Evoca también a los niños y los adultos que atendieron en las expediciones.

“Conocíamos situaciones graves. Recuerdo a unos niños que sufrían mucho porque su mamá era discriminada por los comunarios porque tenía esquizofrenia. Sufrían mucho”, cuenta y comenta que uno de los pequeños le contó que su papá intentó sacarle su diente con un alicate. “Logré extraer el diente del niño”, dice Pamela y recuerda que con sus compañeros querían volver a ese lugar para ayudar a esos pequeños. Hoy dice que siempre ha tenido un alma de voluntaria y espera volver a trabajar por los desprotegidos. Pero nada será igual sin sus amigos.

Piden apoyo y que se cumpla el SOAT

Familiares y amigos de las víctimas y heridos del accidente del bus Norteño, entre ellos 21 voluntarios de la organización Medfund, piden apoyo económico para cubrir los gastos de sepelio y cirugías. Al menos 10 de los sobrevivientes están internados en diferentes centros médicos de La Paz.

Responsables de Medfund indicaron que el SOAT no estaría cubriendo el gasto de la atención médica de los heridos, por lo cual acuden a la solidaridad de la gente y habilitaron una cuenta en el Banco Nacional de Bolivia (BNB) 1502342637 a nombre de Joseph Andrew Kittelson. (Celular 67008850).

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