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Jaime Mamani, el profesor que pese a perder todo no dejó de enseñar

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Jaime Mamani, docente de música de la Escuela Superior de Maestros Simón Bolívar, jamás olvidará el martes 30 de abril. “Ese día perdí todo en el deslizamiento de San Jorge Kantutani-Inmaculada Concepción. El derrumbe enterró mi acordeón Hohner, un instrumento que acompañó mi carrera profesional por más de 20 años. Yo no pude hacer nada, no pude rescatar nada”, contó.

Para el profesor, el hecho de perder el acordeón con el que enseñó y sacó profesionales a cientos de maestros de música fue un verdadero caos. “Fue como quedarme mutilado, como si me quedara sin manos”, añadió. Pero, pese a perder todo, Mamani jamás dejó de trabajar y dar clases, jamás dejó de enseñar.

Cuando los colegas y alumnos se enteraron de la situación de Mamani, se acercaron a él para darle muestras de apoyo y cariño. Estos gestos motivaron al maestro a continuar con su gran pasión: “enseñar música”.

Tiene una experiencia como maestro de música de más de 35 años. Es orureño y heredó su amor por la música de sus padres que interpretaban instrumentos de forma empírica. “Mi padre tocaba el acordeón y el charango en el pueblo”, recordó.

Descubrió entonces que su vocación era enseñar este arte y entonces decidió dar clases de música en una escuela. “Comencé como profesor empírico, pero luego estudié para ser maestro, era mi sueño anhelado”, contó.

Dio clases en todos los niveles desde educación regular (inicial, primaria y secundaria) hasta superior. Formó a jóvenes que se convirtieron en profesores de música. “Tengo experiencias muy bonitas de los tres primeros niveles, pero pasé más tiempo -27 años- con los jóvenes de educación superior”.

Aseguró que prefiere quedarse como maestro de jóvenes, ya que puede transmitir sus conocimientos a futuros formadores de otras generaciones.
El maestro Jaime Mamani en la carpa donde ahora vive.
Foto:Duglas Ormachea / Página Siete

No sólo sabe tocar el acordeón, también interpreta instrumentos como el piano, la quena y la guitarra, entre otros.

Emocionado, ayer, horas antes del Día del Maestro, Mamani se sentó frente a un piano de la exnormal para tocar algunas notas musicales.

Ni bien apretó las primeras teclas, dejó de sonreír y se puso muy triste porque recordó el 30 de abril. “Antes yo tenía todo. Mis tres hijos, que también son músicos, tenían sus equipos, teníamos como 24.000 dólares invertidos”, dijo.

Relató que ese día, el barrio donde vivió por muchos años se deslizó. Todos sus vecinos corrían para resguardar sus vidas, él y su familia hicieron lo mismo. “Nos quedamos sin nada, paraditos”, comentó.

Mamani vive ahora en la carpa número nueve del campamento de damnificados del puente Libertad, cerca de la zona donde ocurrió el desastre. “Aunque perdí todos mis instrumentos, hoy tengo el cariño de mis estudiantes, de mis exalumnos y colegas, de la confederación de maestros del país”, expresó. “Una vez más reafirmo mi vocación de que ser maestro es lo mejor hago”, añadió.

Luego de conocer su historia, el Ministerio de Educación no fue indiferente . “Me regalaron un acordeón”, dijo emocionado. Aseguró que recibir este obsequio representó una esperanza. “Sentí que me devolvían las manos al cuerpo para seguir enseñando música”, contó.
Toca el piano en una de las aulas donde enseña.
Foto: Marco Aguilar / Página Siete

Mamani comentó que ahora “gracias al apoyo del Ministerio de Educación, de sus colegas y de sus estudiantes, tiene fuerzas para subir a un escenario y tocar su acordeón”.

“Sé que será muy difícil olvidar el 30 de abril, porque no sólo perdí todas las pertenencias, perdí también mi biblioteca especializada sobre el acordeón. Era un gran tesoro”, dijo el maestro.

Ayer, Mamani se olvidó por unos minutos de las penas y disfrutó junto a sus estudiantes y colegas de un agasajo en honor al Día del Maestro Boliviano, que se celebra hoy en todo el país. Ahí bailó con sus alumnos que representan para él la fuerza para levantarse temprano e ir a dictar clases luego de pasar la noche en una carpa.

Pagina Siete.

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