¿A quién vamos a creer?

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En medio de la dolorosa pandemia que padecemos con el Covid-19, cuando la gente se infecta y muere cada día en hospitales y calles, hay un conjunto de políticos que están enfebrecidos pensando solamente en elecciones presidenciales, al extremo que, respaldados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), han obligado a un Gobierno tolerante a promulgar la ley, inspirada por el MAS, de convocatoria comicios para el 6 de septiembre próximo.

Lo que preocupa y confunde es saber si el MAS quiere llegar al poder por la vía democrática o por la vía de facto. El MAS está jugando a dos puntas, la democrática y la golpista. Le da lo mismo recuperar el poder por cualquiera de los dos caminos: votando en las urnas o retomando el gobierno por la subversión. Lo importante para ellos es continuar con la malograda y desastrosa Revolución Democrática y Cultural, enmarcada dentro del engañoso Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos.

De un lado Eva Copa y los parlamentarios masistas exigen elecciones inmediatas chantajeando al Gobierno desde la desacreditada Asamblea Legislativa Plurinacional, a lo que se suman los pedidos del candidato del MAS Arce Catacora; pero por el otro lado, de manera desconcertante el jefe del MAS, el ex presidente Evo Morales, anuncia que está decidido a tomar el poder mediante un golpe cívico-militar que está en marcha y que ya se lo percibe.

Sabemos que existen muchos “fake news” en las redes sociales a los que no se debe dar importancia, pero hay otras noticias que no son falsas. Es el caso de la entrevista a Evo Morales que vimos en YouTube, el martes pasado y que, por supuesto, que está para quien quiera verla. Ante la pregunta de un periodista sobre si habría gobernabilidad si el MAS ganara las elecciones una vez que la institucionalidad en Bolivia había sido desbaratada, Morales, omitiendo responder como es su costumbre, dijo, “últimamente hemos estado conversando con militares de los distintos departamentos, comandantes, subcomandantes, con los policías, soy sincero”. Y ante la repregunta inmediata de si mantenía contactos con los militares actualmente, se trató de zafar diciendo que sobre todo era con los ex comandantes, que reconocían lo formidable que había sido el “proceso de cambio”. Pero que también mantenía contactos con los empresarios patriotas, que piensan en Bolivia, en invertir y reactivar empresas, y no con los “empresarios fascistas”, que también existen.

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Creemos que Evo Morales está buscando publicidad a toda costa y por cualquier medio. Se ha dado cuenta de que su popularidad cae a medida que su poder se disuelve. Está empezando a sospechar lo que todos saben de memoria y es que en cuestiones de política nadie trabaja para otro eternamente. Que el caído difícilmente puede mantenerse con poder si es que no ha demostrado coraje, valor para enfrentarse a sus adversarios, y ha huido miserablemente abandonando a su gente. Eso de “patria o muerte”, “saldremos con los pies por delante”, fue pura charla mentirosa porque escapó sin oír ni un solo tiro. Tanto como su vice, que hablaba como un romano victorioso, y ahora ha demostrado cuánta testosterona le falta.

Para hacerse notar, Morales cree que le conviene anunciar que va a dar un golpe de estado, pero no sabemos si eso le hará bien a su partido y a su gente. Porque, desde luego, si el MAS exige elecciones lo antes posible, sin importarle ni los contagiados ni los muertos por la peste china, no es tolerable que su jefe esté anunciando conjuras con militares, policías y hasta empresarios. ¿No sería bueno que el TSE tomara nota de estas declaraciones públicas? ¿No merecerá una severa sanción un sujeto que anuncia su propósito de derrocar a un gobierno constitucional por transitorio que sea? Claro, si hasta hoy no se lo sanciona por el oprobioso fraude electoral y por haber ordenado el cerco a las ciudades para que sus “hermanos y hermanas” mueran de hambre, qué se puede esperar. Es intolerable y desvergonzado que el MAS se lance por dos carriles, por el de los votos y por el de los tiros.

El Diario