Mujeres, niños y adultos huyen desesperados de la guerra en Ucrania, según periodista argentino

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Mujeres, niños con mochilas a cuestas y adultos mayores de 60 años, con valijas, son los que sufren por el rigor de la guerra entre Rusia y Ucrania, en su afán de salir hacia países de Europa después de estar en la ciudad de Lviv o Leópolis (Ucrania).

«Mucha gente viene a Lviv desde el Este y Sur de Ucrania, donde están bombardeando los rusos. Muchos toman los trenes para llegar hasta la frontera con Polonia y allí hay unos 8 pasos, pero deben esperar 5 días para cruzar. El gobierno polaco autorizó el ingreso irrestricto e incluso sin pasaportes», narró el periodista Pablo Vaca desde ese país.

Vaca es enviado especial del diario Clarín y se instaló en esa ciudad para cubrir la contienda bélica desatada por la invasión rusa el 24 de febrero y unos días después que el gobierno de Vladimir Putin reconoció la independencia de las regiones ucranianas de Donetsk y Luhansk.

Según el periodista argentino, en la carretera también hay una larga fila de personas, entre mujeres y niños, que se dirigen hasta la frontera con Polonia.

«Hay gente desesperada y se van como pueden junto a sus mascotas. Entre ellos están inmigrantes africanos, que como no son ucranianos, están en ese enorme movimiento que huye de la guerra, y no vi a latinoamericanos. Creo que el martes o miércoles salieron 32 de Ucrania en un trabajo conjunto de las embajadas», comenta Vaca.

Agregó que las autoridades ucranianas en Lviv anticipan la llegada de cerca de 1 millón de personas en los próximos días en busca de un refugio en esa ciudad.

Lviv, la ciudad ucraniana, se ha convertido en el refugio no solo de familias, sino también de diplomáticos, ya que muchas embajadas se mudaron, entre ellas de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Alemania y otros países.

Además, es la puerta de salida de los ciudadanos ucranianos y extranjeros hacia países vecinos de Europa.

Vaca describió que esa urbe vive en medio de una total convulsión por la guerra, se impuso un toque de queda en la noche, existen controles permanentes por parte de los militares y están prohibidas las ventas de bebidas alcohólicas.

«Parece relativamente normal aquí y hay muchísima gente en lugares públicos, pero cuando suenan las alarmas todos bajan a los refugios como preparándose para un posible bombardeo de los rusos», sostiene el periodista de Clarín.
EL DEBER

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