FmBolivia
Radio FmBolivia

ESPECIAL. Feminicidios en Bolivia: el tiempo pasa, pero las deudas y heridas quedan

46

Obtenga actualizaciones en tiempo real directamente en su dispositivo, suscríbase ahora.

Un feminicidio abre un camino sin retorno, no solo para la víctima, sino para su familia que, además de enfrentar obstáculos y frustraciones para encontrar justicia, debe llevar a cuestas deudas económicas, separaciones y secuelas psicológicas difíciles de borrar.

En una entrevista realizada por la ABI a la psicóloga y directora del centro de investigación Psinergia, Marynés Salazar, se pudo conocer las profundas marcas que el feminicidio deja en las familias.

«Cada vez que muere una mujer, una familia completa está afectada (…) Muere la mujer y tenemos hijos abandonados, a un padre en la cárcel y a un sistema judicial que generalmente no responde de inmediato», explicó.

Las escalofriantes cifras del feminicidio en Bolivia, según el conteo de la Fundación Voces Libres, muestran que desde el 2013, año que entra en vigencia la Ley 348 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, hasta enero del 2020 se registraron 687 asesinatos de mujeres.

Ante ello, Salazar advirtió que la sociedad tiende a insensibilizarse cada vez más ante los casos de feminicidio y a naturalizar la violencia simbólica contra las mujeres, algo que muchas veces es reproducido en los medios de comunicación, Internet y otros escenarios.

Según Julia Evelyn Martínez, columnista del diario digital Contra Punto, la violencia simbólica hacia las mujeres «está constituida por la emisión de mensajes, iconos o signos que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y discriminación que naturalizan o justifican la subordinación y la violencia contra las mujeres en la sociedad».

«La violencia simbólica se retroalimenta de las otras violencias, como la económica o la física, y se va perpetuando. Hablamos de feminicidios y es tocar un tema doloroso, pero es solo de la punta del ovillo de las distintas formas de violencia que viven las mujeres», explicó.

Heridas que nunca sanan
Muchos de aquellos 687 feminicidios adquirieron mayor relevancia por el tratamiento mediático que tuvieron, sin embargo, otros casos pasaron desapercibidos debido a muchos factores. Empero, las secuelas psicológicas, impactos económicos y familiares, fueron los mismos.

Uno de los casos que conoció la ABI fue el de Verónica Mishel Q. M., joven de 20 años que fue encontrada sin vida al fondo de un barranco en 2013. Su madre, Rosario M, y su hermana Paola Q.M. recorrieron por mucho tiempo los pasillos de los estrados judiciales en busca de justicia y se castigue a los cinco implicados en el feminicidio.

A partir del 2013, Rosario y Paola comenzaron su periplo. El camino fue tortuoso debido a que el proceso se vio plagado de muchos obstáculos como los cambios de juzgados y tribunales, la suspensión de audiencias -por la ausencia o renuncia de jueces y fiscales-, y una serie de recursos judiciales, como las recusaciones a jueces, que fueron presentados por los implicados.

Tras seis años de proceso, en enero pasado se dictó sentencia contra los cinco acusados de la muerte de Verónica Mishel. Fuera de ser una meta cumplida, el dictamen se convirtió en una frustración más para sus familiares, ya que se juzgó a los acusados por el delito de homicidio y no de feminicidio.

La indignación se apoderó de Rosario y Paola, quienes desde enero buscaron apelar la sentencia que consideran «injusta», pero nuevamente se toparon con las deficiencias judiciales, puesto que ellas mismas tuvieron que notificar a la parte acusada y costear los trámites.

A la rabia se sumó el estrés, la frustración, el abandono del padre de Verónica Mishel y un gasto económico que llegó a los $us 20 mil, monto que la Rosario consiguió a merced de la hipoteca de su casa.

«Con todo lo que pasó no hemos tenido el tiempo de tener una etapa de duelo. Solo buscábamos justicia y hasta el momento no hemos recibido el apoyo de un profesional para que sobrepasar los traumas. No curamos ese duelo y muchas familias, que pasan por lo mismo, tampoco pueden hacerlo», comentó Paola.

Para Salazar, la superación situaciones de violencia, mucho más con una muerte de por medio, «implica un trabajo muy profundo con los familiares de las víctimas».

Además, la especialista explicó que las secuelas psicológicas de las familias se tornan más complejas ante los distintos niveles de revictimización a las que son expuestas tras el feminicidio y durante el proceso judicial.

«La familia también vive violencia y dolor cuando hay una sociedad que duda de la víctima y manipula la situación. A ello se suma el tema judicial, porque cuando hay dilatación del caso, chicanería, etc., las familias viven otro camino de tortura emocional», explicó.

Los hijos del feminicidio
Cuando una madre es asesinada por el padre, los hijos quedan en la absoluta vulnerabilidad y se convierten en mudos testigos de una realidad que no eligieron vivir. A la falta de una normativa específica, los menores quedan relegados a su suerte.

Según un reporte del diario Página Siete, de los 117 casos de feminicidios que fueron reportados en 2019, 131 menores de edad quedaron en la orfandad.

El recuento señala que de esos 131 menores, 62 fueron testigos del asesinato de su madre y en más de 10 casos estos fueron agredidos por el feminicida. Asimismo, 67 de los menores pasaron a responsabilidad de sus abuelos maternos y al menos una decena con sus hermanos mayores u otro familiar. Otro gran porcentaje son delegados a los centros de acogida de las ciudades.

Para Salazar, las repercusiones psicológicas en la vida de esos niños «van a ser muy fuertes porque violencia simbólica se retroalimenta de otras violencias y se va perpetuando».

«Las personas no nacemos violentas, aprendemos las conductas violentas de nuestro entorno familiar, comunal y social. Cuando un niño o una niña es testigo de la violencia que vive una persona de su casa, tiene mayor probabilidad de reproducir la violencia en su vida», explicó.

Finalmente, la especialista enfatizó en que es muy importante buscar ayuda para estos menores, ya que existe la posibilidad de que estos «agranden la cadena de violencia como víctima o victimario».

/AGL/ ABI

Obtenga actualizaciones en tiempo real directamente en su dispositivo, suscríbase ahora.

Comentarios
Cargando...

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar Lee mas