Los inseparables hermanitos asesinados por su padre, al que creían su “héroe”

“Chau, chau escuela”, dijo sonriente Misha, de seis años, minutos después de salir de su colegio en la zona de Villa Pabón de La Paz. Era el lunes 29 de septiembre, casi al mediodía. Como siempre, la pequeña estaba al lado de su hermano Kaleb, de 10 años. Fue la última vez que sus compañeritos los vieron agarrados de la mano y con vida.

En la puerta del colegio los esperaba su mamá Yessenia. Los tres se encontraron y se fueron del lugar, según testigos. Al día siguiente, los asientos de los hermanitos estaban vacíos y la comunidad estudiantil se estremeció al enterarse que Kaleb y Misha murieron cruelmente a manos de su padre, Miguel.

“Eran inseparables”, contó la mamá de una de las amiguitas de Misha y recordó que los hermanitos siempre andaban juntos. El viernes, al ver que los niños fueron enterrados lado a lado en un pabellón del Cementerio General, aseguró que “ahora están juntos en la eternidad”.

Kaleb y Misha eran muy alegres y carismáticos. “A ellos no los veías tristes. Eran niños sonrientes y llenos de vida. Eran traviesos”, dijo la mujer.

Además de recordar la alegría de los niños, la mamá, la abuela materna y los tíos contaron que para los pequeños su papá Miguel “era todo”, era como su héroe. Hoy, no pueden entender cómo él se atrevió a matar a sangre fría a sus hijos.

“Papi, te amo. Le decía mi hijita y lo abrazaba, él le respondía que también la amaba”, recordó Yessenia, la mamá de los niños. Contó que Kaleb -el mayor- también era cariñoso con su padre.

“No siempre les dábamos todo, pero tratábamos de hacerlos felices”, indicó Yessenia. Contó que fue delegada del curso de Kaleb para estar al pendiente de sus tareas. Una semana antes del día del crimen, el niño les dijo que sus zapatos estaban apretados. “Su papá respondió que le compraríamos un nuevo par”, aseguró.

“No entiendo qué pasó”, dijo Yessenia. En los últimos días fue la pregunta que buscaron responder las autoridades. En el avance de la investigación y según las primeras declaraciones del asesino confeso se pudo detectar que cometió el crimen por dañar a su esposa.

El jefe de la División de Homicidios de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), René Tambo, dijo el martes que la mamá de los niños contó que horas antes del asesinato tuvo una discusión con el agresor porque “ella quería continuar con sus estudios, pero él no estaba de acuerdo”. Entonces, Miguel planificó el crimen para dañar a su esposa.

En otros países, estos casos son catalogados como violencia vicaria. ¿A qué se refiere? Es aquella que tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos, en especial de sus hijas e hijos.

El martes, a las 11:00, Homicidios de la Felcc registró el doble infanticidio.

Un dolor indescriptible

“No sé qué hará sin ellos”, dijo la mamá al recordar el momento en que ingresó a su cuarto y encontró a sus niños sin vida. “El martes, a las 7:30 llegué a casa -día antes discutí con Miguel y me quedé con mi mamá- y la puerta estaba medio trancada, pero al empujar más fuerte me di cuenta que había una silla, se rompió y entré. Vi a mis hijos en la cama. Estaban llenos de sangre”, recordó.

Vio -primero- a su hijo mayor en el pie del catre junto a su hermanita. “Luego vi a Miky (así es como le decían a su esposo). Él estaba en el sillón. Aún respiraba y grité”, relató.

En esa casa también vivían sus parientes, Yessenia corrió a la habitación de su hermano y pidió ayuda. Él llamó a la ambulancia y a la Policía.

El fiscal departamental de La Paz, Williams Alave, dijo que según el certificado de la autopsia los niños fallecieron entre las dos y tres de la madrugada del martes. “Fueron degollados por su propio padre”, indicó y explicó que la pequeña tenía una herida punzocortante profunda en el cuello y el infante, dos heridas en el mismo lugar.

El progenitor también se autolesionó, pero no murió. Fue derivado al Hospital de Clínicas, donde le practicaron una traqueotomía (cirugía que abre la tráquea) y está fuera de peligro.

“No sé qué tenía en la cabeza para hacer eso”, dijo Yessenia y recordó que él era muy protector de los niños, incluso no dejaba que los vean sus abuelos. Contó que el asesino era muy celoso y controlaba todo lo que ella hacía.

Yessenia comentó que conoció a Miguel antes de cumplir 20 años. Se enamoraron y decidieron vivir juntos. En ese tiempo, él la agredió en dos oportunidades. “Yo lo perdoné porque me dijo que iba a cambiar, pensé que sería así”, dijo. Por un tiempo, el agresor no cometió violencia física, pero sí psicológica. Las discusiones eran constantes, primero por dinero. Él no tenía una fuente laboral segura y ella decidió trabajar en un salón porque había estudiado belleza integral. “Él siempre me iba a recoger, no me dejaba sola”, sostuvo.

Los domingos, Yessenia ayudaba en la tienda de su mamá y ganaba un poco de dinero. “Como yo trabajaba, él se quedaba con mis hijos. Los cuidaba”.

Las peleas eran constantes. Ella decidió estudiar fisioterapia y se inscribió en el horario de la tarde. Dejaba a sus hijos con su mamá. “Él me iba a recoger al instituto y hasta vinculó mi celular al suyo para leer los mensajes que me llegaban. Yo lo permití porque no tenía qué ocultar”.

El lunes, Yessenia, un compañero de curso y su enamorada salían del instituto. Miguel se acercó y lo golpeó pensando que él salía con su esposa.

Yessenia y Miguel discutieron. Llegaron a la tienda de su mamá y la joven les contó a sus padres lo sucedido. “Él sólo me pidió disculpas, pero yo le indique que no podíamos seguir, que debíamos darnos un tiempo”.

Ella se quedó en la casa de sus padres. Miguel se fue y se llevó a los niños a su domicilio. Horas después, los mató a sangre fría.

En un contacto con los medios, en el hospital, él trató de responsabilizar a su pareja de todo.

La directora de la escuela Rafael Pabón, Jeanethe Apaza, recordó que “la mamá era representante del quinto curso -en el que estudiaba Kaleb- y era muy activa”. Indicó que Misha estaba en primero B. Dijo que el hermano mayor era un niño muy ordenado, limpio y tranquilo.

Los dos hermanitos fueron despedidos el jueves por sus familiares, vecinos y compañeros de curso. Aron, uno de sus amigos, les llevó una serenata e interpretó la canción que más le gustaba a Kaleb. En medio de gritos de justicia y llanto, los niños fueron enterrados en dos nichos que estaban lado a lado. “Descansen como siempre juntos y a lado de Dios”, dijo una de las asistentes. Ese mismo día, en un juicio abreviado, Miguel fue sentenciado a 30 años de prisión en el penal de Chonchocoro.
“Él me iba a recoger al instituto y hasta vinculó mi celular al suyo para leer mis mensajes, yo lo permití porque no ocultaba nada”
Yessenia, madre de los niños
30 años de cárcel es la sentencia que recibió el jueves el padre por el doble infanticidio.

Fuente: Pagina Siete

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