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Seis feminicidas menores de edad evaden la cárcel por un centro de reintegración

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Después de más de dos meses del cruel asesinato de su única hija, Judith sigue destrozada y aún no encuentra consuelo. Su retoño, Abigail, de 18 años, fue golpeada y atacada con piedras y un cuchillo hasta morir por su exnovio de 17 años.

El agresor fue detenido y por su edad actualmente guarda detención preventiva en el Centro de Reintegración Social para Varones, dependiente del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges). La familia de la víctima exige que el asesino reciba una condena de 30 años y sea enviado a una cárcel.

El verdugo de Abigail no es el único menor de edad que fue enviado o cumple una condena por feminicidio en este centro de reintegración. Según la trabajadora social de este espacio, Rosmery Ortiz, otros cinco adolescentes están internados en este recinto por el mismo delito. “De los 86 internados que tenemos, seis están por feminicidio”, explica la funcionaria y aclara que los jóvenes ingresaron en diferentes fechas.

El Centro de Reintegración Social recibe a adolescentes desde los 14 hasta los 18 años con responsabilidad penal. Según los responsables de este espacio todos los internos tienen los mismos derechos y obligaciones. Estudian, se capacitan en diferentes áreas, hacen deporte y no salen del recinto sin un permiso judicial.

Este recinto cuenta con un equipo multidisciplinario, compuesto por educadores, psicólogos, médicos, enfermeras y trabajadoras sociales que dedican todo su tiempo para promover un “cambio de actitud de los jóvenes”. “En la mayoría de las ocasiones lo logramos, aunque existe un mínimo porcentaje que no lo hace”, dice la directora de este recinto, Rosario Mendoza.

Los adolescentes ingresan a este centro a través de los juzgados de Niñez y Adolescencia de La Paz, El Alto y las provincias del departamento paceño. “(La máxima sentencia que recibe esta población) por cualquier delito -homicidio, feminicidio, asesinato o violación- es de seis años”, explica.

Para la tía de Abigail, Estela Q., los seis años de internación en este centro “no son suficientes” para castigar a un feminicida. “Por su crueldad, toda una familia está destrozada y mi hermana aún no se repone de la pérdida de su única hija”, dice.

El artículo 83 de la Ley Integral para Garantizar a la Mujer una vida Libre de Violencia (348) establece la modificación a algunos artículos del Código Penal. Uno de estos es el 254, que señala que “se sancionará con la pena de presidio de treinta (30) años sin derecho a indulto a quien mate a una mujer” y que de por medio exista una relación sentimental, agresión sexual y violación, entre otros.

Sin embargo, la Ley 548 Código Niño, Niña, Adolescente establece que “si la persona imputada fuera menor de 18 años, su procesamiento se sujetará al Sistema Penal para adolescentes establecido en el Código Niña, Niño y Adolescente”. Y basado en esta norma los adolescentes que cometen feminicidios son enviados a este tipo de centros.

La activista del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), Patricia Bráñez, explica que no entiende por qué los agresores menores de 18 años de edad son juzgados bajo el Sistema Penal para adolescentes cuando el delito es un feminicidio.

“Al parecer, la valoración de la vida de una mujer valdría menos que la de un hombre. Creemos que se tiene que aplicar la pena máxima en caso de comprobar las relaciones de poder y la premeditación”, comenta.

Bráñez indica que llama la atención y preocupa que cada vez sean más jóvenes los que cometen delitos graves, como violación grupal y feminicidios. “Estos delitos se están dando con mayor frecuencia en relaciones de noviazgo o enamoramiento”, sostiene.

Desde enero hasta julio de este año, tres crímenes causaron conmoción en el país por la crueldad de los ataques y porque los feminicidas tenían entre 16 y 18 años, según un registro elaborado por Página Siete. De estos casos, una de las víctimas fue Abigail.

Los tres agresores fueron capturados y confesaron los asesinatos. Los de 16 años guardan detención preventiva en centros de menores infractores. El de 18 años fue sentenciado a 30 años de cárcel y cumple su condena en el penal de San Roque, en Sucre.

Para la activista, estos casos muestran que no existieron avances en el área educativa. “Se siguen repitiendo los patrones patriarcales de control, vigilancia y que los adolescentes y jóvenes se sientan dueños de su enamorada”, dice.

El psicólogo Aldo Cortez explica que por lo general un feminicida o agresor adolescente reproduce la violencia que vivió en algún momento de su vida. Y es por eso -indicó- que un infractor joven es agresivo, posesivo y controlador. “No deja que su pareja se arregle, que tenga amigos y controla hasta su celular”.

Un recreo y una peluquería

En la puerta del Centro de Reintegración Social, un policía se encarga de controlar el ingreso y la salida de cualquier persona. Sólo los abogados de los adolescentes y las personas autorizadas pueden entrar al lugar que parece un internado.

Ni bien uno ingresa a este recinto, se encuentra con las oficinas administrativas, donde los adolescentes tienen libre acceso. Ahí en un pequeño espacio se montó una peluquería, donde voluntarios del Instituto Berlín cortan el cabello a los jóvenes.

“Por qué ya no ha venido. Por qué se ha perdido”, dice uno de los adolescentes a la peinadora que afanada corta el cabello a otro de los internos.

“Yo quiero que me hagas un corte que sea parecido al de Ricky Martín. La última vez me cortaste muy lindo”, dice otro de los jóvenes que espera la atención de la peluquera junto a otros ocho adolescentes.

Pasos más allá se encuentra la puerta de acceso al patio, las aulas y las habitaciones donde descansan. En el centro del patio, algunos de los internos juegan fútbol de salón, otros simplemente están sentados sobre frazadas de polar y conversan en grupos. Otros esperan una revisión médica.

“Han pasado más de dos meses y aún no hay sentencia. La próxima semana recién terminará la etapa preparatoria”, dice angustiada la tía de Abigail, Estela Q. Cuenta que su familia no supera la muerte de la joven. “La vi crecer, era como mi hija. Guardo muy lindos recuerdos”, explica y añade que su único consuelo será que el feminicida que mató a su sobrina reciba la condena máxima de 30 años.

Pagina Siete.

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