Seguridad alimentaria: el 20% de los bolivianos no acceden a suficiente comida

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De los 11,4 millones de habitantes que tiene Bolivia, 2,4 millones son personas con insuficiente alimentación, señala el Mapa Mundial del Hambre que presenta el World Food Program WFP (Programa Mundial de Alimentos). Además, el país es uno de los 15 focos de riesgo de deterioro en seguridad alimentaria a nivel mundial.

“Más del 20% de población está con insuficiente ingesta alimentaria. Hay niveles más graves. Es conocido que estas regiones (del sur) son las más pobres del país”, apunta la directora del WFP de Naciones Unidas, Ana María Salhuana.

El mapa es un nuevo sistema mundial de vigilancia que rastrea y predice el hambre en tiempo casi real. Hasta el cierre de esta edición, el sur del país -Potosí, Chuquisaca, Tarija, Oruro y Santa Cruz- presentaba un riesgo moderadamente alto. “Eso quiere decir que ese es el sitio donde deberíamos estar trabajando más”, agrega Salhuana.

Los niveles de riesgo de seguridad alimentaria se expresan con un Puntaje de Consumo de Alimentos (FCS, por sus siglas en inglés), que mide la diversidad de las dietas de los hogares y la frecuencia con la que las familias consumen los alimentos durante los siete días.
Weenhayek anegados, tras las inundaciones en Yacuiba,2019.

Para ese análisis, WFP realiza encuestas de hogares cara a cara, diarias y mensuales. También considera estudios anuales y semestrales disponibles.

Además, se utilizó un peso estandarizado para cada uno de los grupos de alimentos que reflejan su respectiva densidad de nutrientes. Luego se clasificó si los hogares tienen un consumo de alimentos “pobre”, “limitado” o “aceptable”.

Si bien en Bolivia no tenemos regiones con los dos niveles extremos de alimentación insuficiente “muy alto” y “alto”, cinco departamentos están con un riesgo moderadamente alto. Una de las causas, explica Salhuana, es la producción, que no es tan alta como la demanda.

“Estamos trabajando mucho con la productividad. Bolivia es uno de los países con mayor riesgo climático, hay que aprovechar mejor el agua y las tierras, por temporadas. Esos factores coadyuvan ”, recomienda.

En Sudamérica, el WFP está presente en Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Mientras que, en Centro América, tiene oficinas en Guatemala, Nicaragua, Honduras, República Dominicana y Haití.

Bolivia, un punto de riesgo

Además del mapa del hambre, el WFP identificó a nivel mundial los hotspots (puntos de riesgo). Son 15 países.

En la máxima categoría de riesgo están estos países: Zimbabue, Sudán del Sur, Haití, Sahel central. En el segundo grupo, República Democrática del Congo, Afganistán, Líbano e Irak.

Finalmente en la tercera categoría están: Sudáfrica, República Centroafricana, Camerún, Libia, Nigeria, Etiopía y Bolivia.

“Estos focos, en corto plazo, pueden ingresar a una situación muy difícil; pueden incrementar su inseguridad alimentaria. Bolivia es uno de ellos. En la región también está Haití”, alerta Salhuana. Venezuela no aparece como punto de alarma porque el trabajo ahí aún está en proceso.

Las causas para esas situaciones de alerta son que en esos países tienen un riesgo político y climático. El caso de Bolivia el problema es político.

“Cuando hay un periodo de inestabilidad, las políticas de Gobierno también se atrasan. Todos los bloqueos y conflictos tienen un riesgo grande”, explica la directora.

Salhuana resalta que, “si bien es un país ejemplo de políticas sociales, estas tienen que implementarse”. Por ejemplo, debe asegurarse que los bonos se distribuyan y que haya suficientes mercados.

Bolivia todavía está en un umbral de riesgo en seguridad alimentaria con un 20% de la población. Si los problemas políticos agudizan los económicos, ese porcentaje subirá.

“Bolivia está en un nivel suave. Nosotros estamos siempre con ganas de ver a todos ayudándonos unos con otros. Es un trabajo de equipo. Ahora nos toca ayudar para que la situación del país se tranquilice”, recomienda la experta.
Foto: Madeleyne Aguilar

“Salir de la situación de riesgos demanda trabajar en equipo”

El Programa de Alimentación Mundial WFP trabaja combatiendo el hambre a nivel mundial. Este año Bolivia figura como un foco de riesgo. Es probable que su seguridad alimentaria se deteriore en corto plazo.

En entrevista con Página Siete, la directora de este programa de las Naciones Unidas, Ana María Salhuana, explicó que salir de esta situación de riesgo demanda un trabajo en equipo de todos. Además se requerirán fondos económicos.

¿Cómo puede Bolivia salir de esa situación de riesgo que presenta en el mapa mundial del hambre?

Bolivia puede salir adelante y lo va a hacer. Yo creo que el Gobierno trabaja bastante para que esta situación se revierta, pero no pasará de un día para otro. Pero ha habido avance.

¿Para qué se usa ese mapa de hotspots, en el que 15 países muestran mayor riesgo para su seguridad alimentaria?

Se utiliza como una de las herramientas para conseguir fondos. Los 15 países necesitan recursos económicos. El mundo entero debe prestarles atención para que, en caso de una emergencia, los apoyen.

¿Es la primera vez que Bolivia está en el mapa?

Es una herramienta nueva. Entonces no tenemos esa información tan detallada. Sin embargo, llevamos más de 40 años en el país y eso significa que ha habido situaciones (que lo requieran). Nosotros no nos vamos hasta que el país ya no amerite la colaboración

¿Qué acciones va a tomar el Programa de Alimentación Mundial en esos 15 países que son focos de riesgo?

Anualmente, tenemos varias conferencias con donantes y les presentamos los países que consideramos en riesgo, para buscar su ayuda financiera e implementar proyectos

¿Trabajan independientemente o con el Gobierno?

El WFP trabaja con el Gobierno. Se coordinaron esos proyectos con el Viceministerio de Defensa Civil y el Ministerio Rural de Tierras. Así también se recopila información para los mapas.

Hace unos años se aprobó el plan estratégico 2018-2022. En el momento de la firma se identificaron cuatro pilares a trabajar.

El primero es intervenir en emergencias, como incendios y sequías. El segundo pilar es respecto a la nutrición.

Se trabajó bastante el tema de la alimentación, el Gobierno lo tiene como una prioridad. Nosotros hemos intervenido en capacidad técnica.

Se implementó un programa de enseñanza de manejo de drones. Los usó como herramientas para identificar información relevante para la toma de decisiones de cultivos y manejo de emergencias.

Les permite tomar fotos de altura y determinar cómo están evolucionando (los cultivos). Se les enseñó a manejarlos y se les dotó de equipos.

El tercer pilar es el desarrollo de actividades productivas. Hemos tratado de llegar a que esos pequeños productores que antes sólo trabajaban sus productos agrícolas, los transformen y le den mayor valor agregado para llevarlos al mercado. Así ellos puedan tener mejores ingresos y mejor seguridad alimentaria.

A la vez, esto sirve para que la población tenga producción nacional y no tenga que importar. Adicional a esto, buscamos que estos esfuerzos locales se unan a los programas de soporte alimentario para que consuman lo que producen y tengan un mercado identificado. Tenemos comunidades que producen miel, mantequilla de maní y charque.

Finalmente, el cuarto pilar es dar soporte al Gobierno para mejorar las capacidades. Para eso tenemos campañas de alimentación, que se diseñan de acuerdo con el público.

Lo que es atractivo para los adultos, no lo será para los jóvenes. Por eso es que cada una es trabajada a base de una estrategia de comunicación.
El Programa Mundial de Alimentos otorga fondos para familias afectadas.
Foto: WFP

Niños sufren desnutrición aguda y crónica en Bolivia

Respecto a nutrición, el Mapa del Hambre de la WFP revela que 2,0% de los niños menores de cinco años de Bolivia sufre desnutrición aguda y 16,1%, aguda crónica. Esto produce en ellos adelgazamiento y retraso en el crecimiento.

Existen diferentes niveles de gravedad de la desnutrición aguda: moderada y severa. Mientras que la desnutrición crónica es un retraso en el crecimiento.

El Estado Mundial de la Infancia 2019 de Unicef señala que al menos uno de cada tres niños menores de cinco años está desnutrido o tiene sobrepeso. Además, uno de cada dos padece hambre oculta, que menoscaba la capacidad para crecer y desarrollarse.

El hambre oculta se refiere a la falta de vitaminas y otros nutrientes esenciales. En 2018, casi 200 millones de niños menores de cinco años sufrían de retraso en el crecimiento, mientras que al menos 340 millones sufrían de hambre oculta.

A nivel mundial, entre 2000 y 2016, la proporción de niños y adolescentes de cinco a 19 años con sobrepeso y obesidad aumentó del 10% a 20%. Mientras que en La Paz ese índice disminuyó 4,3% en cuatro años.

Según un estudio de evaluación nutricional de la Unidad de Alimentación Complementaria Escolar (Unace) de la Alcaldía de La Paz, en 2016 el porcentaje de obesidad fue del 30,7%; en 2018, un 28,1%; y en 2019, 26,4%.

La disminución es coincidente con la creación del Programa de Escuela de Gigantes. Es una iniciativa educativa edil que rescata la cosmovisión andina.

Pagina Siete.