Lejos de casa y por 25 días, héroes luchan contra los incendios con palas y machetes

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“He llegado a Roboré hace 12 días junto con otros voluntarios y efectivos de Bomberos de Antofagasta para ayudar a la Chiquitania. Desde entonces, ya no veo a mis dos hijos”, comenta una de las voluntarias que prefirió guardar su nombre en reserva. Cuando es posible y en los momentos de descanso, la rescatista se comunica por teléfono con sus retoños para saber cómo están en la ciudad de La Paz.

Y es que cuando ingresa al monte para mitigar los incendios, la voluntaria se pierde hasta dos días y no puede conversar por teléfono con sus niños. “Ahí no hay señal. Pero aunque entren llamadas, nosotros no podemos darnos el lujo de responder. Ahí nosotros debemos luchar contra el fuego”, asegura.

Todos son héroes que luchan contra el fuego y arriesgan todo para salvar los bosques. En las zonas afectadas trabajan sin descanso voluntarios de bomberos, efectivos de la Policía, de las Fuerzas Armadas y guardaparques, entre otros. Muchos de ellos ingresaron a la Chiquitania desde hace 25 días e incluso más tiempo, un mes, dice el director de Cooperación y Relaciones Internacionales de la Gobernación de Santa Cruz, Gary Ribero.

“Tenemos bomberos que están trabajando desde mediados de julio y desde hace más de un mes no retornan a sus casas. Ellos pelean contra el fuego con machete y pala”, indica. Resalta que el trabajo de los voluntarios es muy “sacrificado”.

Ribero destaca la labor de los conscriptos de las Fuerzas Armadas. Ellos tienen entre 17 y 18 años y trabajan arduamente con un material limitado. “Son chicos muy valientes”, explica.

Desde hace 30 días, el incendio en la Chiquitania oriental cobra fuerza. Según el Gobierno, al menos 1,2 millones de hectáreas se quemaron, pero sólo 500 son bosques.
Voluntarios trabajan en una de las zonas afectadas.
Foto: Gastón Brito / Página Siete

Ante esa emergencia, la Gobernación departamental decidió emitir la declaratoria de desastre y aún pide al Gobierno la aprobación de una declaratoria similar a nivel nacional para recibir ayuda internacional. Ayer, las autoridades del Órgano Ejecutivo descartaron otra vez esa posibilidad.

El Gobierno informó que combaten el fuego por aire y por tierra con 20 aeronaves, una de ellas es el Supertanker. Además, hasta el sábado, el presidente Evo Morales informó que más de 7.000 personas trabajan para mitigar los incendios en las zonas afectadas de la Chiquitania.

Una jornada de 5:00 a 23:00

La voluntaria y sus compañeros de Bomberos de Antofagasta ya presentan algunas molestias en su salud, además carecen de herramientas de trabajo. “Se nos han roto las palas y las hachas. Para seguir con nuestra labor, las hemos amarrado”, dice.

Además de luchar contra el fuego, la voluntaria pone en práctica su carrera: la enfermería. Realiza curaciones y pone complejo B a los otros rescatistas. “Me tocó ayudar a tres de mis compañeros que se intoxicaron”, asegura.

“Hacemos todo lo posible para apagar el fuego. Nos levantamos a las 5:00 para formar y partir al lugar designado. De ahí retornamos a las 23:00 al campamento instalado en una escuela de Roboré”, comenta la voluntaria y cuenta que ella y sus compañeros decidieron no retornar a La Paz hasta no apagar completamente el fuego. “No vamos a retornar”, dice.

Relata que cuando ella y sus compañeros llegaron hace 12 días a Taperas, la primera comunidad donde sofocaron el fuego, quedó muy impresionada. “He trabajado antes con incendios forestales, pero nunca he enfrentado un incendio tan grande como el que estamos atendiendo ahora. En comparación con lo que ahora vemos, me doy cuenta que los otros no eran nada”, explica.

El fuego es muy poderoso en toda la zona, asegura. “En minutos se consumen las cosas y cuando crees que apagaste el fuego de un lado, aparece del otro, nunca acaba. Es terrible”, lamenta.

La encargada del Puesto de Comando de Roboré, Paola Weber, explica que desde esa instancia dirigen las tareas de mitigación en diferentes municipios.
Uno los bomberos descansa luego de una larga jornada.
Foto: Bomberos Antofagasta

“Ellos se desplazan en camionetas o en helicóptero hasta cierto lugar y luego bajan para trabajar con sus equipos. La cantidad de personas de brigadas depende del sector donde son enviados y de la capacidad de la movilidad. Puede ser de cinco o hasta 30 personas”, comenta.

Weber resalta que hay un grupo de 10 personas que se quedaron en Tucabaca. “Es que las zonas donde entran son rocosas, de difícil acceso, así que no todos pueden salir a Roboré”, dice y detalla que cambian de turno cada 24 horas.

Cuenta que luego de ingresar a las zonas afectadas por los incendios, la gente retorna con la ropa deshecha y quemada, además con las botas rotas. “Siempre les decimos: primero está la seguridad de ellos”, dice.

Comenta que alguno de ellos incluso llega llorando por la impresión al ver tanta destrucción o porque no pudieron liquidar el fuego en algunos lugares. “Es complicado. Aquí les recibimos con un plato de comida”, asegura.

La voluntaria guarda en su memoria algunas imágenes de esos lugares que nunca olvidará. “He visto que el fuego consume animales, en otros sectores he visto animales muertos y he visto como otros corrían para salvarse. Uno quiere ayudar, correr por ellos, pero en ese momento estamos luchando contra el fuego”, asegura.

Pagina Siete.