Artesanías y comercio, la reinvención de los artistas

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Durante más de dos meses, los artistas bolivianos vieron limitadas sus opciones para ejercer sus actividades culturales debido a la pandemia de la Covid-19. Si a ello se suman las dificultades para dar clases, que para algunos supone la principal fuente de ingreso, el escenario que pintan no es del todo positivo.

Antes de la cuarentena, Cira Urbina, bailarina y profesora de ballet para personas de la tercera edad desde hace cinco años, contaba con un alumnado que rondaba las 60 personas, pero a medida que transcurrieron las semanas esa cifra se redujo drásticamente y ahora no supera los cinco participantes.

“Lo he perdido todo”, manifestó la tarijeña . “Como son gente mayor y algunos viven solos, entonces no hay quien los ayude a programar (las clases online)”, explicó la artista, de 29 años.

Sin alumnos y sin un local donde enseñar, Urbina empezó a volcarse a otras actividades, además de buscar -por ahora sin éxito- un trabajo en el área de ingeniería comercial, carrera de la que salió profesional.

“Ahorita me encuentro en bancarrota. Me estoy dedicando a otras cosas que parecen tan tontas, pero es lo único que ahorita me está tratando de mantener. Estoy empezando a hacer manualidades, detallitos, regalos para el Día de la Madre, para los enamorados. No es mucho, pero por lo menos me sirve para comprarme la comida”, detalló.

En camino similar se embarcó Roly Rua Paredes, músico y profesor de danza folklórica del Chaco boliviano, que se volcó a las artesanías para capear el difícil momento del sector.

“Trabajo un poco el cuero. Hago un poco de artesanías rústicas, vainas de cuchillo, sombreros, billeteras. (…) Siempre tratando de pensar cómo buscármela para ganar unos pesitos y sobrevivir”, apuntó el artista, de 33 años. “La gente que, como yo, vive de la música y de la danza, tiene que buscar otras cosas que hacer. Nuestras vidas de artistas capaz se están muriendo”, lamentó.

Paredes, originario de Camiri, baila desde los cinco años y ejerce como docente desde los 15. Y al igual que Urbina, encuentra dificultades para enseñar a la distancia.

“Los profesores como yo, que son de provincia, no tienen la posibilidad de tener wifi, porque no hay la actividad económica, no pueden dar clases por zoom, porque cuesta un poquito. (…) Las clases personales online nunca van a ser iguales”, señaló.

Por su parte, la bailarina e instructora de tango Ely del Carmen Narvaez continúa dando un par de clases virtuales, pero a la vez está retornando a su profesión como historiadora al aplicar a una consultoría y vende unas cremas traídas de Argentina para recibir un ingreso extra.

“En alguna medida tengo un poquito más de herramienta que algunos otros colegas, pero si uno se aboca estrictamente a su danza o su género es más difícil”, señaló la paceña.

Los tres artistas están de acuerdo con que son necesarias medidas estatales que alivien un poco la situación de la cultura en Bolivia. Ya sea el permitir dar clases presenciales con un número reducido de alumnos, facilitar la docencia a distancia o cualquier otra medida que les dé algún tipo de respaldo.

“No pedimos dinero, pero sí que haya apoyo. Que haya apoyo equitativo para todos los sectores”, subrayó Urbina.

Pagina Siete

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