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Un Jisk’a Anata inclusivo le devolvió la alegría a La Paz

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El Jisk’a Anata volvió a tomar las calles de la ciudad de La Paz después de un año de ausencia debido a la pandemia del coronavirus. La fiesta de los paceños tuvo una jornada radiante, con música y danza para alegrar a diferentes miembros de la sociedad. Estuvieron los bailes propios de las provincias paceñas y también participaron expresiones culturales de diferentes sectores de la sociedad. ¿Quién dijo que para bailar hay que tomar alcohol?, el primer grupo que ingresó al Jisk’a Anata fue Fundaffit Mayafolk, folklore fitness. Los danzantes demostraron sus habilidades físicas haciendo hacer ejercicios al compás de la música nacional. Con el ritmo de caporales, morenadas y cuecas el elenco mostró mucha alegría en su recorrido.

Evitar el alcohol fue una de las restricciones de este año en la fiesta paceña. También se determinó el distanciamiento físico de al menos un metro entre los participantes y el uso constante del barbijo quirúrgico.

A pesar del control de los guardias ediles hubo consumo de alcohol, no se respetó la distancia entre bailarines y tampoco en el público; mientras que algunos danzantes y músicos estuvieron sin el cubrebocas. El control de los carnets de vacunación también fue infringido.

La Asociación de Sordos de La Paz fue la segunda que ingresó en la jornada. Ellos fomentaron el juego de agua con el público e ingresaron con algunos disfraces de pepinos. Tras su participación, fue el turno de la asociación de inclusión social para personas con discapacidad; hubo niños disfrazados de Hombre Araña, pepinos y chutas. La tarkeada Centro de Rehabilitación de No Videntes Luis Braille también se robó el cariño de la población.

La variedad fue el toque distintivo de la jornada, el Movimiento Cultural Saya Afroboliviano, el elenco de Tradiciones Chapacas El Bagual fueron algunos de los grupos que recogieron los aplausos de los espectadores. También participaron suri sicuris, kusillo, caporal, tarkeada, moseñada, waca waca, tinkus, salay, potolos y llamerada, entre otros conjuntos.

El público disfrutó la elegancia de los ballets de carnestolendas y de personajes de antaño.

En total se presentaron 52 elencos en la actual versión, el año 2020 fueron 62, pero entonces no había reportes de la pandemia en Bolivia.

Fiesta paceña

El evento comenzó a las 11:30 con los sones de la Banda Eduardo Caba. Estuvieron presentes autoridades municipales, lideradas por el alcalde Iván Arias. El recorrido de la entrada fue desde la avenida Montes (altura Cervecería Boliviana Nacional) hasta el palco central ubicado en cercanías del Mercado Camacho.

“El Carnaval es alegría, es risa, es baile, pero no es violencia. Esperamos que estos dos días que quedan tomemos con mesura, bailemos con mucha alegría y que nuestro Jisk’a Anata vuelva a retomar el brillo que ha tenido otros años y esta vez con un recorrido mucho más completo”, informó el alcalde Arias.

La Policía boliviana también se incorporó al desfile con un mensaje a favor de la recuperación de las tradiciones carnavaleras.

En el recorrido hubo personas que se dedicaron al juego de agua. Mucha espuma y diversión fueron el condimento ideal para la jornada carnavalera paceña.

Pagina Siete.

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