Bolivianos en Italia viven con miedo y tensión por la ola del coronavirus

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“Hay una histeria colectiva, como si fuera el fin del mundo”, relata Ninoska Torrico, miembro de la comunidad boliviana en Bérgamo, Italia. Relata que después de la alerta por el coronavirus las calles están vacías, al igual que los supermercados, donde alimentos, barbijos y sanitizadores desaparecieron de los estantes.

“Bérgamo está en alerta porque los contagios se dieron en toda la región de Lombardía, al norte. En esta región es donde hay una mayor cantidad de bolivianos”, cuenta Torrico.

Según datos de la ONU, en dicho país viven alrededor de 15.700 bolivianos. Gran parte de ellos ubicados en Bérgamo, en la parte de norte de Italia. Es allí donde se presentó el brote más grande de Covid-19 fuera del continente de origen.

Hasta el viernes Italia reportó más de 20 personas muertas y 800 contagiadas. Al menos 10 ciudades están en cuarentena, lo que quiere decir que todo evento público debe cancelarse y los habitantes deben permanecer en sus casas. Se cerraron las escuelas y las universidades.

“Antes de la alerta, en hora pico las calles tenían mucha gente. Ahora están completamente vacías. Esto implica una pérdida en la economía, por lo que se está tratando de retomar las actividades”, indica Torrico.

Para los bolivianos el recuperar el ritmo de trabajo es primordial. Muchos de ellos trabajan en el cuidado de adultos mayores, parte de la población vulnerable a la nueva enfermedad.

“Estamos tratando de tener más cuidado y precaución porque así nos lo exige nuestro trabajo. Acá las personas que murieron tenían patologías de base y eran adultos mayores”, explica Rosario, una joven que llegó hace seis años a Veneto.

De la noche a la mañana la llegada del virus sorprendió a autoridades y habitantes con un brote inimaginado.

“Italianos y bolivianos estábamos tranquilos hasta que se dio la noticia, luego todos corrieron a las farmacias, tiendas y centros comerciales donde ya no se puede encontrar nada. No hay sanitizadores, alcohol, ni alimentos como carne. Los que trabajan al cuidado de otras personas salieron días después y ya no consiguieron nada”, dice Torrico.

María del Carmen Baigorria Vaca radica en Italia hace casi dos décadas. Relata que mucha gente está saliendo a trabajar con las pocas medidas de seguridad que encuentra.

“Salen sin barbijos porque ya no hay. El año pasado, cuando empezó la alerta, varios residentes chinos que viven acá compraban estos insumos por toneladas para mandar a China y aquí quedó poco. Lo que encuentras está a precios muy altos porque además los están revendiendo. Por eso la región Lombardía es como la Gobernación, ha decidido comprar más barbijos del extranjero -y producirlos también- para dotar directamente a los restaurantes y a las personas”, señala Baigorria.

Aunque se logró confinar el brote en la zona norte de Italia, la tensión en el país europeo es notoria. En los límites del área, que es el foco principal, hay vigilia constante de la Policía. Los habitantes de las ciudades que forman parte de la zona roja no pueden salir ni entrar sin un permiso especial. “Allí dentro no funciona absolutamente nada, todo se ha detenido”.

En Italia es la época alta para los resfríos, lo que agrava la situación porque los síntomas son muy parecidos y genera susceptibilidad. El Covid-19 al ser nuevo no tiene una vacuna y poco se sabe de él.

Desde Bolivia hasta Italia, con más frecuencia que la acostumbrada, salen mensajes y llamadas de los familiares de los migrantes bolivianos para saber si se encuentran bien. Allá, ellos aseguran que hay que mantener la calma porque hay condiciones para la atención de la enfermedad y más bien temen que el virus llegue a Bolivia.

“No sabemos cuántos bolivianos exactamente viven dentro de la zona roja, pero sabemos que hasta el momento no hay ninguno contagiado. Hay preocupación, miedo y tensión por la llegada del coronavirus, pero quiero reiterar que no hay compatriotas bolivianos afectados, por lo que decimos a nuestras familias que todos estamos bien”, es el mensaje Baigorria.

Pagina Siete.