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Fiesta de todos los santos: El significado detrás del día de muertos

29 de Octubre de 2009, 02:39

Durante décadas se ha difundido que las ofrendas de muertos que se confeccionan para los días 1 y 2 de noviembre en México tienen rigen prehispánico, pero no es así, todo es un invento de los antropólogos, afirmó la historiadora Elsa Malvido.

Asimismo observó en estas fiestas, formas de la tradición reconstruida: "La cultura se reinventa cada día. Nada permanece estático y menos en una sociedad globalizada como la nuestra".

A unos días de las festividades por el Día de Muertos, en México, recintos como el Museo de Arte Popular exhiben en su tienda numerosos productos.

Los restaurantes anuncian la venta de las comidas que se acostumbran preparar para esos días; los mercados de flores venden las que se suelen colocar en los altares; las tiendas exponen veladoras y las panaderías ya ofrecen el pan de muertos.

Todo está listo para el Día de Muertos, un festejo universal y no particular de los mexicanos. Es, desde el siglo X explicó Malvido, una fiesta del calendario católico.

El 1 de noviembre se celebra el día de Todos los Santos en recuerdo de los mártires perseguidos por credos religiosos o políticos enfrentados al Cristianismo.

Su nombre no aparece en el calendario. Mientras que el 2 de noviembre está dedicado a todos aquellos católicos que han fallecido, refiere la historiadora.

Desde hace 40 años, Malvido estudia la muerte y su reflejo en la cultura, como las modalidades diversas de enterramientos, que son cíclicos.

Explicó que de la Edad Media al siglo XIX, el piso de las iglesias fue el cementerio.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX, con la Ilustración, los muertos empezaron a ser enterrados en los panteones ¨invento del siglo XIX? que se ubicaron a orillas de las ciudades.

Posteriormente los muertos regresaron al corazón de los poblados una vez que la Iglesia Católica aceptó la cremación.


De acuerdo con Malvido, en el siglo XIX, durante la celebración de Fieles Difuntos y de Todos Santos, se colocaba un gran esqueleto a las puertas de casi todos los templos para recordar a los feligreses que hay que rezar por los muertos.

En los atrios se vendían panes de manteca en forma de hueso que el cura bendecía. Eran protección al igual que cualquier reliquia verdadera.

En sus casas, agregó, la gente ponía un pequeño altar al santo que tenía en su casa, con los huesitos, los panes y la fruta bendita e iba de iglesia en iglesia, porque visitar y rezar a cada reliquia daba días de indulgencia para no ir al purgatorio, temor horrible para los católicos y para las poblaciones campesinas en particular.

El recorrido -describió Malvido- era un jolgorio que terminaba en Catedral. Narra la catedrática: ahí había la venta de los huesos de santo, de los panes de muerto, de las frutas y comidas.

En esta fiesta de fieles difuntos, el ayuntamiento hacía una gran celebración ¨con bailes, teatro y títeres" que empezaron a llamar la Fiesta de los Muertos cuando dejamos de ser tan católicos, el duelo menguó y el catolicismo empezó a perder espacios frente a la masonería, el liberalismo y otras nuevas religiones.

Sus estudios señalan que esto se hacía en todo el mundo católico, en todas las colonias americanas se comía los huesos de santos y panes de muertos que creemos muy mexicanos. En Europa hay dulces y frutas de muertos.

El ritual continuó todo el siglo XIX y en la primera parte del XX. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-40), relató Malvido, hubo un trastoque político-ideológico.

El grupo intelectual empezó a buscar las raíces del nacionalismo mexicano en los antecedentes mexicas, no en los otros grupos de los cuales sabemos muy poco, y en esas épocas mucho menos, porque la arqueología nace exactamente igual que la antropología, con el general Lázaro Cárdenas.

A partir de ese momento tenemos un Día de Muertos que es prehispánico y mexica, inventado. Nos dijeron que los mexicas tenían un mes de culto a los muertos grandes, explicó la historiadora.

Los muertos grandes son los gobernantes, los líderes o héroes, mientras que los muertos chiquitos, son los cercanos, los familiares, no los niños.

Los ritos prehispánicos a la muerte, dependen del grupo del que se esté hablando, hay desde momias que se guardaban en cuevas, tumbas de tiro o en oquedades, una diversidad de sistemas funerarios. Depende de qué grupo y de qué momento histórico se hable.

Pero un cementerio o panteón mexica, en el concepto occidental, no existía, aclaró la fuente y se preguntó: así que, ¨cuál Día de Muertos, de qué estamos hablando? ¨De cuál ritual o cuál ofrenda? Todos los pueblos del mundo han ofrendado a sus muertos lo más sagrado: sangre de sus cuerpos y alimentos. Eso no es sólo ni mexicano, ni mexica, ni maya, es universal. En China, a los muertos se les ofrece arroz, nosotros tamales.

Cuando la gente dice que su tatarabuela hacía el altar de los muertos, explicó Malvido, lo que creaba era La Mesa del Santo, que se sigue haciendo en casi toda América Latina, por ejemplo en Argentina, Bolivia y Venezuela. La ofrenda de los muertos es un reinvento de los años 30.

En el año 2003, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró la celebración del Día de los Muertos en las comunidades indígenas mexicanas, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Y la información la reproduce la Wikipedia.

Antropólogos, teólogos o turistas siguen acudiendo a sitios como Pátzcuaro, que son, describió Malvido, un folk turístico que deja muchísimo dinero, pues no han entendido nada, porque entonces no había panteones.

Mixquic, aseguró, es otro invento político de los antropólogos, un sitio que se ha vuelto muy violento porque los grupos van cercando a los visitantes y si no se les da dinero, agreden.

Los alimentos que se preparan durante esos días tampoco tienen nada que ver con tradiciones prehispánicas. El año pasado, en Valle de Bravo, recordó Malvido, celebraron la venida de las mariposas porque un antropólogo vivaz dijo que ellas eran las almas de los prehispánicos que venían, el municipio se lo cree y el Estado de México lo tomó como si de veras hubiera fuentes que nos hablaran de eso.

Malvido dijo desconocer si los seguidores de la Santa Muerte, también festejan ese día: "No tengo la menor idea. Rara vez estoy en México para estas celebraciones. La Santa Muerte es un rito que tiene que ver con concepciones mucho más fuertes y profundas de lo que yo he estudiado".

Cuando la muerte se apodera de las calles y de las casas, exige devoción, afirmó Malvido. No es un invento mexicano, en Argentina, después del gobierno militar que tuvieron, la devoción se llama San La Muerte, es macho.

La iconografía es la misma, es la peste del siglo XIV, y es tan poderosa que está encima de todos. En la Edad Media se le conoce como La Señora del Mundo, está coronada con cetro y capa reales y trae todos los instrumentos que matan.

Malvido, quien estudió periodismo e historia en la UNAM, en El Colegio de México y en la ENAH, refuta lo que dice Octavio Paz, Nobel de Literatura, en "El laberinto de la soledad", acerca del mexicano y la muerte: "No conozco a ningún mexicano que se muera de risa cuando se le muere un pariente".

Walther Boelsterly, director del Museo de Arte Popular, encuentra un sincretismo total en esta tradición, donde la cultura prehispánica se suma a los ritos religiosos, cristianos y católicos.

Y ahí se deriva una tercera, que son los ritos paganos, porque además están la mezcla de la cultura mesoamericana y de la española. La región de México que tiene más folclor en esta celebración, es el centro de la República y el sureste, hacia Oaxaca.

Las expresiones, además de exhibirse en el Museo de la Muerte, de Querétaro, se encuentran en el Museo Nacional de Antropología; en el de Culturas Populares del Conaculta y en el Museo Arte Popular.

En todos los museos de México, comentaó Boelsterly, la muerte figura como un espacio decorativo.

En el mural de Diego Rivera, "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", la Catrina es un elemento iconográfico importantísimo, y el Museo Nacional de la Estampa, tiene una gran colección gráfica europea y mexicana dedicada a la muerte, por citar sólo dos ejemplos.

En Mérida, Marilandy Baeza Chan, no se pregunta de dónde viene la tradición de montar ofrendas.

Aprendió cuando era niña que las mujeres "costuraban" manteles de hilo cortado para colocarlos en la mesa ¨adornada con flores "pujuc", amor seco y dientes de león? donde se erigen los altares.

Eso estaba haciendo al tiempo que nos platicaba que coloca el mantel que hila desde un mes antes sobre la mesa donde montará el altar que se va transformando a lo largo de tres días.

El 31 de octubre, que es el día de los niños, explicó Baeza Chan, en la madrugada pongo leche, agua y un refresco. A mediodía agrego pollo con verduras y por la tarde cuatro tamales, chocolate y veladoras, que es para los muertos grandes. El tercer día, que es para los fieles difuntos, colocará el pibe o mucbic pollo, que horneó durante dos horas conjuntamente con sus vecinas y familiares, en una oquedad que los hombres excavaron en el jardín de la casa. Pero lo más importante no es la comida, aseguró, sino regalar a los difuntitos un rosario, que compartimos con los familiares. También hay que dejar la puerta abierta para que las ánimas entren y agarren la esencia de la comida caliente, eso es lo que nuestros antepasados nos han contado.
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