Males de YPFB

La empresa estatal del petróleo, esa que se creó tras la Guerra del Chaco, fue sacudida ayer con el cambio de su presidente, Guillermo Achá, por Oscar Barriga, el octavo presidente interino de la empresa en este gobierno.
 

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El precio del petróleo llegó a su nivel más bajo en 6 meses tras la noticia de que los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo que aún están autorizados a incrementar sus exportaciones lo han hecho. A principios de año la OPEP y Rusia decidieron reducir sus exportaciones para elevar el precio del petróleo. Algunos miembros de la OPEP como Irak, Libia e Irán están exentos de la reducción.

Antes de Achá, ocuparon el cargo Jorge Alvarado, Juan Carlos Ortiz, Manuel Morales Olivera, Guillermo Aruquipa, Santos Ramírez y Carlos Villegas.

El señor Achá, de profesión desconocida, aunque no es ni ingeniero geólogo ni petrolero, ni administrador de empresas, está fuera del cargo. Pero seguramente reciba algún cargo público, como hace el Gobierno con todos los que debe quitar de en medio.

El presidente Morales dijo, al cambiar de interinos, que sólo “algunos medios” hacen creer que hay corrupción en YPFB. Sin embargo, pidió al señor Barriga revisar todos los contratos.

El escándalo de los taladros, comprados en US$ 148 millones, había perforado la credibilidad de Achá y la de sus mandantes, que por el momento siguen sin dar la cara, aunque es previsible que lo hagan cuando, en futuras circunstancias, la justicia cumpla su rol.

Tan agobiado estuvo Achá con el caso taladros que ha olvidado informar si procedió a contratar a la empresa verificadora de las reservas de gas, como se lo había ordenado una “autorización” totalmente innecesaria del directorio de YPFB. Innecesaria porque el reglamento de la empresa dispone que todos los años se haga ese trabajo, que no se realiza desde 2013.

Lo que deja a la empresa, ahora manejada por el señor Barriga, a ciegas respecto de las reservas con que cuenta. Si fueran menos de 5 TCF, como sospechan algunos expertos, el país estaría a punto de consumirlo todo, aunque en este caso nunca se llega a extraer hasta llegar al fondo.

Los indicios que existen sobre las reservas son los gestos de desconfianza de Argentina y Brasil sobre el futuro del negocio de compra-venta. Argentina se niega a firmar un contrato para la compra de energía termoeléctrica, porque, si Bolivia no puede cumplir con los envíos de gas, cómo podría esperarse que cuente con el gas para una planta generadora, como dijo el embajador. Y Brasil ha hecho decir que quizá no firme un contrato de ampliación del que fenece en 2019, porque se está haciendo autosuficiente y en 2021 recibirá de los yacimientos pre-sal en el Atlántico todo el gas que necesita.

Sólo queda que los bolivianos se pregunten sobre las garantías de una provisión segura. Son 14 millones m3/d que consume el país y si las reservas se agotasen, sería necesario importar el gas, lo que se podría hacer usando los mismos ductos que ahora se usan para exportarlo.

El Cedla asegura que los impuestos para las petroleras son de solamente 27%, pero ni esto es suficiente para atraer la inversión que ahora se necesita para reponer las reservas.


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