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La verdad te hará libre por André L. Tejerina Queiroz

Algunos bolivianos continuamos, de manera ingenua, creyendo en la institucionalidad del país. Estamos saturados de quimeras, como si éstas sirvieran para la subsistencia del Estado y decidimos rechazar los hechos comprobados cuando no nos favorecen. Creíamos que la separación de poderes sería la piedra angular de la seguridad jurídica y social del país, pero nos equivocamos; creíamos que la Ley sería aplicada en igualdad de condiciones a toda la población, pero de igual manera nos engañamos.

Creíamos que habíamos entrado en una nueva era de protección del medio ambiente, pero todo fue una farsa. Creíamos que con la demanda en La Haya recuperaríamos el mar y díganme sino fue duro el golpe de realidad que recibimos. Creíamos y seguimos creyendo en el respeto al voto popular, pero no hacemos más que mentirnos. Creíamos que el Tribunal Constitucional Plurinacional se encargaría de poner un alto a las aspiraciones reelectorales de Evo Morales y otra vez nos equivocamos; ahora creemos que el Tribunal Supremo Electoral decidirá rechazar la candidatura del binomio del MAS para las primarias y de nuevo nos embarramos de falsas ilusiones.

Sin embargo, aún más triste es que seguimos creyendo que nuestro voto cuenta, seguimos creyendo que si la oposición gana las elecciones el MAS se irá del gobierno, seguimos creyendo que el traspaso del poder será pacífico y de buena fe, seguimos creyendo que después de estas elecciones Bolivia por fin será un país estable y podremos finalmente desarrollarnos. Pongámonos a pensar por un segundo qué sucedería si cualquier candidato de la oposición gana las elecciones, ¿alguien en verdad cree que el oficialismo dará paso a un nuevo gobierno?, ¿alguien piensa que los adeptos más radicales al oficialismo optarán por hacer la gobernanza fácil al nuevo Presidente?, ¿alguien todavía cree que el país tendrá estabilidad política después del 2019?

Estamos frente a una encrucijada, sin importar el rumbo que tome los futuros acontecimientos nuestro país tendrá un difícil y arduo camino por delante. Tal vez es momento de ser sinceros con nosotros mismos, sabemos que el país nunca se ha caracterizado por su estabilidad política, nunca hemos sido ninguna eminencia en cuanto a justicia, economía o deportes y nunca hemos logrado sobreponernos al racismo y discriminación que crece y prolifera a diario. Es hora de entender que por causa de esa inestabilidad Bolivia no ha podido experimentar un real desarrollo social y económico, y sigue retrasado respecto al continente y al mundo.

Es hora de entender que mientras no respetemos a las personas, normas e instituciones el país seguirá estancado y que nuestro futuro significa más que las cifras manipuladas del PIB o el afán poco realista de recuperar el mar. Es momento de aceptar nuestra historia de manera real junto a todas las vergüenzas, humillaciones, traiciones y derrotas que hemos ocasionado y sufrido, porque eso nos haría un mejor país, al contrario de engañarnos y negarnos, que nos hace peores. ¿Existe cura para este mal? A simple vista la solución más sencilla sería dejar de pervertir al Estado y sus instituciones, respetar el voto y elegir entre los candidatos que están legalmente posibilitados a postularse (es decir, sin Evo Morales), pero como debemos dejar de engañarnos es mejor afrontar la situación en base a la experiencia y aceptar que eso no sucederá.

El país sólo mejorará cuando bolivianas y bolivianos en su conjunto trabajen juntos por un país mejor, en base a la legalidad, responsabilidad, ética y patriotismo. Y como boliviano debo seguir creyendo en eso.

El autor es abogado, candidato a Doctorado en Política Internacional.
El Diario