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En Chapare, ser opositor a Evo Morales es ser traidor y se paga con la expulsión

Es una de las regiones más beneficiadas del Gobierno del MAS. Calculan que allí se han invertido $us 4.000 millones. Hay renovación dirigencial y diversificación de ingresos pero con la coca como núcleo

“No sabemos escribir libros. Ni siquiera sabemos hablar mucho, pero a través de nuestros dibujos transmitimos nuestro pensamiento, nuestra rabia”, dice Johnny Montaño, secretario de relaciones de la central cocalera de Villa 14 de Septiembre. “En el sector trópico, no somos solo de aquí, sino de toda Bolivia. Así lo demuestran nuestros cuadros: hay del sector de Potosí, de Oruro, de Tarija. Tenemos esa impotencia de tanta tortura, de tanta represión. Ellos nos han hecho sufrir, piensan que estando en el poder podrán volver a dominarnos a nosotros”, se queja.

Es flaco, no muy alto, fibroso. Tiene las manos sucias de trabajar en el chaco y trata de mostrarse feroz. “Este es el corazón político del Evo, él es de la central de aquí”, dice, parado frente a un mural que muestra a hombres y mujeres marchando con hachas y machetes en las manos.

Está en una de las oficinas del galpón de coca de Villa 14 de Septiembre, un tinglado oblongo que se llena y se vacía todos los sábados. Aquí, Montaño y Tania Solís, dirigente de mujeres, dicen que no es necesario que las seis federaciones prohíban la entrada de opositores, que cada afiliado es consciente de lo vivido, sufrido y luchado; que nadie permitirá hacer campaña a opositores en la casa de Evo Morales.

El presidente es omnipresente en los 236 kilómetros que separan las trancas de Bulo Bulo y Colomi, en los cinco municipios y tres provincias cochabambinas que forman lo que todos denominan Chapare. Allí, desde carteles de obras, vallas, afiches, cuadros y dibujos, Evo Morales sonríe y saluda al viajero.

Allí, entre los afiliados de las seis federaciones de productores de hoja de coca, está prohibido ser opositor y el que elige ser de otro partido, es expulsado, porque el Movimiento Al Socialismo no es un solo partido; es su instrumento político.

“Es una norma interna. No se puede permitir otra militancia en nuestras estructuras orgánicas”, dice Andrónico Rodríguez. Tiene 28 años, es flaco, largo y tiene una cicatriz pequeña en la mejilla derecha. Es el vicepresidente de las seis federaciones, el segundo al mando después de Evo. Se nota que es un hombre preparado y muy hábil para usar las palabras, no te da argumentos para justificar el veto opositor, te cuenta historias: “El hermano Casimiro Huanca, antes de que lo acribillen a balazos, dijo: ‘Ni bien pasan estos problemas, cuando se calme, no podemos permitir que ningún político neoliberal venga’. ¿Por qué?, porque el plan trienal, el plan quinquenal, el plan dignidad han significado para el Chapare luto y dolor”, cuenta Andrónico, hijo de dirigente y apuesta de futuro en el movimiento cocalero.

La muerte de Huanca, asesinado en Chimoré por un soldado de la Fuerza Especial de Tarea Conjunta, pone fecha al veto opositor en la zona: noviembre de 2001. Tal vez por eso Andrónico hable con especial rencor contra Tuto Quiroga. “Él declaraba en emergencia a Chapare y lo militarizaban como si fuera Estado de sitio, mientras se iba feliz a la oficina de narcóticos en EEUU”.

Andrónico dice que eso, la sangre de la defensa de la coca en los 80, 90 y 2000, logró disciplinar al trópico. “El sindicato es fuerte, la central es fuerte, las federaciones son fuertes. Muchos políticos entienden que esto es dictadura, que es chantaje, pero no es así. Desde las bases vienen las sanciones, no es Evo Morales el que las impone, y el que es disciplinado pide la sanción más fuerte. Hemos logrado disciplinarnos, controlarnos, organizarnos y por eso tenemos un presidente que ha salido de las filas del movimiento cocalero”.

La hija predilecta

Chapare ya no es ese territorio casi mágico al que se llegaba por una carretera estrecha que partía el monte en dos. No es el sitio de casitas de madera habitadas por los ‘ejércitos de la coca’, ni ese lugar de los tempranos 80 donde dicen se ofrecían cerritos de pasta base de cocaína como si se tratara de papas. Hoy, a Chapare se llega por una carretera de doble vía y cuatro carriles en plena construcción, y es una sucesión de las ciudades intermedias mejor servidas del país. Cuando se le dice a los chapareños que les ha ido muy bien con Evo como presidente, ellos responden: “No solo a nosotros, a toda Bolivia”.

“Antes del Evo, Villa Tunari muerto era”, cuenta Marta Solomayo, una ventera de frutas que llegó en los 80 a Chapare. No había carne, no había electricidad, no había trabajo”, dice.

En la cabeza de Marta, al igual que en la de Andrónico y la de Johnny, hay un Chapare místico con gigantes que se movían en camiones verdes y hablaban en inglés. Dicen que recorrían las sendas trabuscando cocaleros entre los chacos y los cargaban a las tolvas de sus camionetas. Los padres y las madres, angustiados, debían ir a buscarlos al cuartel de Chimoré. Aparecían después de días, flacos y golpeados. Marta, además, cuenta que esos seres gigantescos les daban órdenes a los soldados bolivianos y que estos violaban a las jovencitas a la vista de todos. Todo eso fue derrotado por Evo y el movimiento cocalero.

Cuando Hugo Banzer volvió a la Presidencia en 1997, hizo asfaltar una carretera de dos carriles hasta la pista de aterrizaje de San Javier, justo donde tenía su estancia. En Chapare, la victoria de Morales significó abrir un cofre de tesoros que incluye coliseos, colegios y estadios que se diseminaron en el territorio como si fueran esporas al viento, además de una planta de urea, de papel, de lácteos, de cítricos, otra termoeléctrica con ciclo combinado, un centro de alto rendimiento y proyectos de construcción de silos para granos y una procesadora de pescados. Según Fernando Salazar, doctor en Sociología e investigador de la Universidad Mayor de San Simón y autor del libro De la coca al poder, en estos 12 años se han invertido en Chapare más de $us 4.000 millones, la misma cantidad que a la dictadura de Banzer le costó convertir a Santa Cruz en la locomotora del país.

El poder sindical

“Si como dirigente haces traición a sabiendas que somos del instrumento político, te vendes a otro partido político, estás afuera. Es parte de la democracia, debemos respetar nomás”, dice Margarita Terán, lideresa de las mujeres chapareñas. Una vez, Margarita fue como Andrónico, significó la renovación de la dirigencia del trópico. Fue una líder precoz, fue presa acusada de participar en la muerte de un militar y asegura que Carlos de Mesa participó en el proceso en su contra cuando era vicepresidente de Goni. Cuando fue liberada, se convirtió en constituyente y su progresión solo fue interrumpida cuando sus hermanos fueron detenidos con droga. Tardó años en retomar la dirigencia y llegar a la cima. Hoy es una de las mujeres más poderosas de Chapare, el 20 de cada mes, dirige con Andrónico la reunión de coordinación.

Hasta el coliseo de Lauca Ñ, sede de la Coordinadora de las Seis Federaciones, llegan alcaldes, concejales y ejecutivos de sindicatos y centrales. La testera está reservada para los seis presidentes de las federaciones y es en estos espacios donde se decide todo en Chapare. “Las seis federaciones están por encima de alcaldes y concejales. Aquí se elige a las autoridades y el presidente nos ha inculcado trabajar muy coordinadamente entre los cinco municipios y las seis federaciones”, explica Andrónico.

Pese a que hay más de 8.300 hectáreas de coca sembradas en Chapare, Andrónico asegura que la región ya no depende del ‘arbusto sagrado’, que representa el 60% de la economía, que ahora el banano, la piña, la yuca, el copoazú, los cítricos y pronto el pescado, son cada vez más importantes. Pese a ello y toda la inversión realizada, el 91% de la coca producida en Chapare, sigue sin venderse en el mercado legal de Sacaba.
El Deber