Delitos de violación siguen en datos rojos

TODAS LAS MUJERES CORREN EL RIESGO DE SER VIOLADAS.

Los delitos de violación en más de cinco años han registrado al menos 14.596 denuncias, de las cuales, las víctimas no solo son mujeres adultas solamente; sobre todo son adolescentes y menores de edad, aspecto que genera alerta en la sociedad.

De acuerdo a los datos obtenidos por EL DIARIO, se establece que el 2013 se reportaron 3.248 casos, en el 2014, 3.163 denuncias, el 2016 con 2.656 hechos, el 2017 con 2.477 denuncias y el primer trimestre de la presente gestión se reportaron 287 denuncias, incluidos 181 casos en las víctimas son adolescentes y menores de edad.

Se entiende la violación como una agresión sexual en la que un individuo mantiene relaciones sexuales no consentidas con otra persona.

Para la psicóloga Rosario Larrea, los casos de violación representan la estructura de una “sociedad psicopática”, en la que se llega a cometer una serie de delitos, entre ellos la violación a menores, adolescentes o mujeres; que están en su entorno familiar, de amistad o también buscan víctimas vulnerables, como hijos abandonados por sus padres o aquellos que asumen actividades de trabajo a muy corta edad.

“Todos los días se están reportando casos de violación, pero existen otra cantidad que no están siendo reportados, eso es lo que más nos alarma y muchos de ellos, por temor a tener problemas al interior del núcleo familiar, por lo tanto, de esa cantidad de datos que se tiene de forma pública, debemos tener en cuenta que podrían ser mayores en los hechos de violación”, observó Larrea.

Para la profesional, en muchos de los hechos, la información realizada por medios de comunicación, se convierte en “un incentivo, para gente pedófila, que recibe los datos, como un desafío para seguir realizando estas fechorías”.

Muchas veces, los violadores son quienes salen de recintos penitenciarios y extañamente, también sale gran cantidad de agresores de los en los mismos establecimientos escolares porque dentro la educación se está descuidado la salud mental de quienes se están formando.

En estos casos, de acuerdo a Larrea, se crean ambientes propicios para “cultivar conductas psicopáticas, que buscan dañar a la otra persona. Por lo tanto no existe políticas para el cuidando la salud mental en las áreas mencionadas”, añadió.

Larrea anunció que en base a un estudio sobre el tipo de familias existentes en el país y las estructuras de los mismos, se podría establecer el tipo no solo de sociedad que se está creando, sino a la vez las consecuencias de una “sociedad psicopática”, ante el incremento de la comisión de delitos en diferentes niveles, los que generan riesgo en la integridad humana, física y psicológica de la familia y sociedad.

Uno de los casos más frecuentes se debe a la desestructuración de los núcleos familiares por divorcios y también por la ausencia de fuentes de empleo estables que permitan mantener unida a la familia e impartir orientación correcta a los hijos; sea para que no cometan delitos como para saber cómo prevenirlos, evitando riesgos.

AGRESOR

A nivel de los patrones de Psicología se establece que no existe un perfil único de violador, pero por lo general son “reprimidos sexualmente” que aprovechan la vulneración en la que se expone la víctima.

Larrea también explicó que se establece que en los hechos de violación, se sabe que “los varones, en algún momento de su edad adulta permitirán que aflore su lado obscuro para cometer delitos de violación”, apreciación realizada a propósito de los últimos hechos conocidos, en que hombres de la tercera edad proceden a agredir sexualmente a niñas o niños.

VICTIMAS

Mientras que en el caso de las víctimas que sufren una violación, luego del delito, el perfil psicológico cambia porque le han vulnerado la parte más privada, su sexualidad.

“Esa parte de su ser que compartes sólo con quien quieres”, reflexionó la Psicóloga.

Precisó que puede ser una agresión con mayor o menor grado de violencia, con penetración realizada por un objeto extraño o por el propio violador, todo afecta de distintas maneras.

“Al principio hay una fase de ‘shock’, tan grande que puede llegar a la propia despersonalización de la víctima, porque la realidad duele tanto que para protegerse la propia mente crea un ‘alter ego’. La víctima es quien llega a revivir constantemente el delito de violación, sobre todo cuando en los procesos de investigación y judicial se basan en sus declaraciones y la terrible vivencia enfrentada.


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