De pescadora del Poopó a productora lechera

     Con la cabeza llena de canas, a causa de un duro trajín de sus luchas y las manos empuñadas con signos de impotencia, María Luisa Rafael Ticala, secretaria de relaciones de la Coordinadora en Defensa de la Cuenca del Río Desaguadero, los lagos Uru Uru y Poopó (Coridup), cuenta a Erbol su tragedia: la sequía del Poopó, su lago y modo de vida.

María, originaria del ayllu Cabeza Primera – Tapacari, Comunidad Querarani del municipio de Poopó, departamento de Oruro, relata las tragedias que marcaron la vida de su comunidad.

“Es de alarmarse y tener impotencia en la garganta de haber sido escuchados desde hace doce años atrás, reclamando atención por este elemento vital que es el agua” señala, según Erbol digital.

María recuerda que su lucha incluso va más allá de los doce años. En aquella oportunidad –a la cabeza de Félix Layme– congregó a más de 80 comunidades del departamento de Oruro, entre ellas: Poopó, Machacamarca, El Choro, Huanuni y Antequera, para demandar atención del Gobierno.

“Parecíamos locos, pero ya padecíamos de agua, los pozos estaban contaminados por la actividad minera. La sedimentación que entraba al lago, ya se había perdido el espejo del agua, la muerte de los más de 30 millones de peces, así como las aves del lago Poopó, no fue suficiente para sensibilizar a las autoridades. Todo esto provocó la migración de nuestras comunidades ante la falta de producción agrícola ganadera. Muchos hermanos ya han fallecido esperando atención a su demanda, algo que no se ha conseguido”, afirma.

EL FANTASMA DE LA SEQUÍA

María Luisa asegura que las autoridades municipales y departamentales conocían las dimensiones del desastre y el impacto negativo que afectó a cerca de 200 pesqueros. Ahora, ellos mismos junto a sus familias sufren por la falta de fuentes de trabajo y otros medios de subsistencia.

“Ahora vemos que este problema ha crecido, y vemos ahora esta situación en La Paz, donde los hermanos van careciendo de agua. Yo me pongo en la situación de ellos, de cuan desesperante es no tener ni siquiera para tomar una taza de té o lavarse la cara. Ahora es momento de darse cuenta como hemos sufrido en las comunidades, llevando agua desde Oruro”.

AGUA Y MINERÍA

La dirigente señala que desde Coridup y Conamproma en varias oportunidades emplazaron a las autoridades para que digan la verdad sobre el fenómeno ocurrido en el lago Poopó.

Ella recuerda que estos mismos funcionarios ingresaron al lago a recoger muestras de suelos, peces, aguas y aves, sin recibir repuestas hasta la fecha, dejando en claro que para los pobladores de Poopó, la extinción del Lago fue a causa de la actividad minera.

“Las operaciones mineras de Sinchi Wayra han ido afectando nuestras venas de agua, no han puesto atención ni siquiera los alcaldes locales de nuestro municipio. Sinchi Wayra ya no está, dejó su responsabilidad en las cooperativas y nosotros seguimos lamentándonos esperando sin resultados, el concurso de las autoridades y universidad para que se presenten proyectos para remediar nuestro lago Poopó”, señala.

“MI VIDA CAMBIO CUANDO DESAPARECIÓ EL LAGO”

“Es triste cuando haces un retroceso” señala María en el mismo instante en que el llanto y la voz quebrada invaden su relato.

“A lo que era antes, ahora mismo los hermanos Urus, de los que su fuente de trabajo era la pesca y por los huevos que ponían las aves en el lago, era su fuente de ingreso que tenían ellos. Yo al quedar huérfana a los 9 años me vi obligada a vender, junto a mis tíos, pescado del lago Poopó, acá en La Ceja (La Paz), Cochabamba incluso Santa Cruz. Ahora la forma de subsistencia, de vivir alrededor del lago y vivir del lago se desvaneció. Ahora no podemos hacer ni siquiera nuestros tejidos de totora u otras artesanías que se van muriendo con el lago”

En versión de María todo esto deriva en la falta de trabajo, lo que obliga a que salgan de su comunidad en forma indefinida como es su caso y a buscar empleos de cualquier índole.

En este trajín la gente los ve como extraños en tierra ajena, muchas veces sin comprender su drama.

“Ahora tenemos una asociación de lecheros que funciona en el municipio de Poopó en la cual se van asociando por necesidad. Hasta los pequeños productores que tienen una vaca trabajamos y vivimos de la leche y sus derivados. Nuestros productos los llevamos a vender hasta La Paz, a los ministerios y otras entidades del Estado, ahora comerciamos esto en vez del pescado. Sin embargo, con esta contaminación, escasez de agua, cambio climático y peor por la falta de política y voluntad de atender este tema, creemos que ni queso vamos a poder comercializar para nuestra subsistencia. Mi vida cambio cuando desapareció el lago”, afirma melancólica. (Erbol)

El Diario.


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