Cultivos agrícolas continúan en riesgo por insuficiente precipitación pluvial

    La precipitación pluvial que fue registrada esta semana en la región del lago Titicaca aún es insuficiente para regar los extensos cultivos agrícolas, ya que los sembradíos de tubérculos, legumbres y verduras no brotaron totalmente y corren el riesgo de secarse, al igual que determinados sectores del lago sagrado donde la masa acuática disminuyó en más de un metro.

La observación fue hecha por el artesano y lanchero de la isla Suriqui del lago menor o Wiñaymarka (pueblo eterno), Leonardo Esteban, quien detalló que las lluvias no aparecen en su totalidad, pese que ingresamos al periodo húmedo o jallupacha, en aymara. “La población está preocupada por sus sembradíos que no terminan de brotar y que pueden perecer”, dijo el isleño que también pudo percibir la disminución de la cota del Titicaca.

NIVEL DEL AGUA

El pasado 19 de septiembre de 2016, EL DIARIO registró la reducción del nivel del agua y la superficie del lago por una intensa sequía en la región del cantón Cascachi que incluye las comunidades de Quehuaya, Patapatani, Cuyavi, Cumana, Sucuta, Pajchiri, Khachjhajha, Tirazca y Cascachi, además de las islas de Suriqui, Pariti, Mayu y Laka Huta. La deficiente precipitación pluvial agrava la situación de las comunidades ribereñas y las islas de los municipios de Puerto Pérez y Pucarani.

“No sólo son los cultivos, también es la pesca que continúa disminuyendo en el lago”, aseveró Esteban que afirmó que junto a los habitantes de la isla Suriqui realizaron esta semana un ritual en una de la montañas más altas para atraer las lluvias, pero sin el resultado favorable.

En la región lacustre y en el resto del altiplano se cumple el ciclo agrícola que se divide en dos importantes periodos: el awtipacha o tiempo seco y el jallupacha o temporada húmeda, a la que se ingresó este mes y que supuestamente se extenderá hasta febrero y marzo. Los cultivos y sembradíos dependen de ambas temporadas, por lo que las lluvias son el factor importante que posibilita el crecimiento de los cultivos.

El espejo lacustre es considerado también un termorregulador natural del altiplano, donde la radiación solar tiene una mayor incidencia para que se cumpla el ciclo del agua con la respectiva evaporación del recurso hídrico, la posterior formación de nubosidad y la correspondiente precipitación pluvial, pero las precipitaciones aún son deficitarias en la región del lago.

LLUVIAS PRONOSTICADAS

Por su parte, la jefa de la Unidad de Pronósticos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), Marisol Portugal explicó que, ”en todo el país se registraron lluvias en diciembre, tuvimos precipitaciones pluviales en el altiplano y los valles”.

Aseveró que, ya estamos en el periodo de lluvias y que se están normalizando gracias a los patrones de circulación y por el aporte de humedad que ingresa a nuestro país, por lo que esperamos que en los siguientes meses de enero, febrero y marzo “tengamos las mismas condiciones”.

Portugal reconoció que en diciembre las precipitaciones aún no son tan intensas pero climatológicamente deberán ir subiendo en los meses venideros. “Ya superamos el promedio normal de este mes en la ciudad de Oruro, por ejemplo, también se prevé que el fin de semana llueva en gran parte del país, incluido el altiplano norte”, acotó la funcionaria del Senamhi.

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL

Sin embargo, las comunidades del lago menor no sólo están siendo afectadas por la escaza precipitación pluvial, en la región también se registra la contaminación del espejo lacustre por los miles de litros de aguas residuales sin tratamiento que ingresan al sector y que provienen de El Alto, Laja y Viacha.

Las aguas negras y contaminadas ingresan al lago por la bahía Cohana, entre ellas están las domésticas, así como las de mercados, de hospitales y postas sanitarias; de industrias, de mataderos, y de operaciones mineras en Milluni. Otras transportan el lixiviado, un peligroso contaminante ocasionado por la acumulación de basura al aire libre en el botadero de Villa Ingenio.

Por otra parte, el artesano Mariano Arratia, originario de la isla Suriqui que suele usar la torora para la elaboración de artesanías, considera que se ha provocado un desequilibrio con qutamama o madre lago, ya que “ha cambiado el agua del lago sagrado, la pesca casi ha desaparecido y las totorales se secan con facilidad y ya no sirven, ni para que coma el ganado”.

Dijo que todos los gobernantes y los habitantes incluidos de las ciudades deben asumir la tarea de salvar el Wiñaymarka, limpiar sus aguas de la contaminación como una acción inmediata para conservar la flora y la fauna que son únicas en el mundo por tratarse de un lago milenario lleno de cultura. (CienciaBolivia.com)

El Diario.


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